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    Evangelina: Semillita Chow

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    Bienvenidos. Esta ocasión continuamos nuestros Testimonios de la Frontera todos risueños, con globos y piñatas, gracias a nuestra conversación con Evangelina Rodríguez Castro: Semillita. Antes usamos este espacio para hablar del Albergue del Desierto, lugar donde encontramos a Eva, como sus amigos suelen  llamarla.

    Hoy es uno de nuestros testimonios. Y queremos celebrar su bienestar que, como hemos visto, es un logro para cualquier migrante. Evangelina llegó al Albergue del Desierto el 22 de diciembre de 2012, luego de ser deportada por la garita de Mexicali.

    Evangelina tuvo una infancia feliz. Creció jugando con sus amigos y comiendo dulces. Lo amistosa le viene de los genes. Se nota. Ni siquiera la agria realidad le amargó la sonrisa. Es de esas mujeres que permanecen sólidas y ágiles al trato, que saben socializar y la sonrisa les viene al caso todo el tiempo, incluso en los malos momentos. Evangelina me cae bien.

    Tiene 4 hijos que no están con ella. “Aunque ellos puedan pasar siempre he querido que se queden conmigo. La mamá de los pollitos. Mi deportación fue también su deportación. Cuando entre a Estados Unidos ellos se vendrán después conmigo”.

    Es una persona fuerte.  Estoy seguro de que por eso logró persuadir a un violador en pleno asalto.

    Tiene dignidad, sonrisa poderosa y mirada ecuánime. No todos logran hacer eso de la mirada ecuánime, algunos prefieren agacharse y quedarse de soslayo. Es como un secreto que cada quien guarda en los ojos. Algunos lo hacen de por vida, prefieren permanecer sin ser vistos.

    testimonio-evangelina-11Valentía a prueba de todo riesgo
    Pero siempre alguien sabe indignarse y decir lo que piensa. Personas como Evangelina abundan, se las ubica todo el tiempo y termina uno por darse cuenta de que eso les viene de los genes: la valentía.

    Evangelina, como la mayoría de migrantes mexicanos y centroamericanos conoce los riesgos del cruce a Estados Unidos. Pero el interés de llegar al país norteño es tal que muchos de los migrantes intentarán cruzar tantas veces como sea necesario, sin importar las consecuencias.

    “El día que intentaron violarme le dije al papá de mi niña, no te vayas, no me dejes. Parece que fue justo eso lo que le pedí. Tenía 8 meses de embarazo. El pollero usó eso como excusa para guiarme por ‘un lugar más corto’. Me tomó de la mano. Yo tenía miedo. Apenas nos separamos del camino me detuvo y ordenó: desnúdate. Rápido, decía.

    “Yo sentí que el mundo se me venía encima. Hacía frío y yo tenía que desnudarme ahí. Me negué. No solo eso, le dije que de hacerlo también tendría que matarme. Cuando estaba por desnudarme estaba rígida, según yo permanecía fuerte. En realidad no sé cómo pude mantenerme en pie.

    “Al desnudarme le dije: espero que a su mamá, hermanas o hijas no las vea en esta situación. Y callé. Luego le aclaré con la fuerza que me quedaba. Ándele, rápido, pero después, me mata.

    “El violador no dijo nada, se quedó pensando como entre reflexivo y arrepentido. Vístase, vámonos que se nos va a ir el levantón. En sus ojos había vergüenza. Yo me vestí y le di gracias a Dios”.

    testimonio-evangelina-22La historia de Evangelina es ésta: salió muy joven buscando el sueño americano. Apenas tenía 18 años. Estaba embarazada. Tenía 18 y un niño en camino. Tenía dificultades serias.

    Lo amable y risueña en ella son defensas que ajustan su temperamento. Cuando la conocí pensé en los testimonios que he recogido: pensé en la gente que sonríe a oscuras y espera que el tiempo no pese tanto, porque en general el migrante tiene un semblante serio y la mirada cansada.

    A Evangelina la vida le tenía sorpresas “nunca pensé que me iría a Estados Unidos. Estaba muy joven cuando me embaracé y el papá de mi hija mayor era maltratador. Pero crucé sin problemas la primera vez. Trabajé, gané dinero y pude regresar a mi casa.

    “Después intenté regresar. De payasita tuve éxito, estuve de gira y me conocían en muchos lugares. Ahora estoy aquí pero no me quejo. Ahora vienes tú- me dijo- y empiezan a conocerme otras personas.

    “Lo que importa es aprender a estar bien. Yo seguiré de payasita. Después trabajaré y todo lo malo que haya pasado se queda atrás, ahora hay que ver para adelante”.

    Las noticias que tuve de ella el día que nos encontramos en el Albergue del Desierto es que empezó a trabajar en un despacho como telefonista hasta que consiga para el pollero. Espero que le vaya bien.

     

    FOTOS: JONATHAN GONZÁLEZ

     

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