Hay votaciones que definen el rumbo de una institución y otras que terminan exhibiendo el verdadero valor de quienes levantan la mano. La aprobación para entregar el Hotel Parador al Gobierno del Estado como dación en pago de la deuda del ISSSTEZAC pertenece a la segunda categoría.
Lo ocurrido este lunes no fue un debate legislativo. Fue una operación política.
Mientras jubilados y pensionados, acompañados por integrantes de la Sección 58 del SNTE y del SITTEZ, tomaban el Congreso y posteriormente bloqueaban el COZCyT para impedir una sesión que consideraban lesiva para su patrimonio, la mayoría oficialista hacía exactamente lo contrario de lo que se espera de un Poder Legislativo: cerrar puertas, evitar el diálogo y acelerar una votación que, desde el principio, parecía decidida.
Porque cuando un asunto requiere cambiar de sede, impedir el acceso de legisladores de oposición, improvisar procedimientos y correr para aprobar un dictamen, el mensaje es muy claro: importa más sacar la votación que construir legitimidad.
Lo preocupante no fue únicamente la aprobación.
Lo verdaderamente grave fue el silencio.
Ningún diputado de Morena ni del Partido Verde fue capaz de explicar, con argumentos sólidos y convincentes, por qué vender uno de los activos más importantes del ISSSTEZAC era la única alternativa posible. Nadie respondió por qué antes no se agotaron otros mecanismos, como el cobro de adeudos históricos o la recuperación de cuotas pendientes de diversos organismos públicos.
Simplemente votaron porque podían.

Y cuando el único argumento es tener los votos suficientes, la política deja de ser un ejercicio de representación para convertirse en una simple demostración de fuerza.
Pero si alguien merece un capítulo aparte es Movimiento Ciudadano.
Porque resulta muy cómodo indignarse frente al micrófono cuando previamente ya ayudaste a construir el problema.
La abstención de Marco Vinicio Flores Guerrero en la Comisión de Presupuesto fue determinante para que el dictamen llegara al pleno junto con la ausencia de su compañero del PT, Alfredo Femat. Después vinieron los discursos, los gestos de inconformidad y las poses de oposición responsable.
Demasiado tarde.
La incongruencia tiene memoria.
En 2021, siendo director del ISSSTEZAC, el propio Marco Vinicio sostenía que vender activos inmobiliarios no resolvía el déficit actuarial del Instituto; apenas representaba un paliativo temporal. Él conocía los estudios actuariales. Sabía que desprenderse del patrimonio no solucionaba un problema estructural. Incluso hablaba de soluciones proyectadas hacia 2060.
¿Qué cambió?
¿Los números?
No.
Cambió la conveniencia política.

Hoy, aquello que antes calificaba como insuficiente dejó de ser un problema cuando la responsabilidad de votar recayó sobre él.
La abstención también vota.
La abstención también decide.
Y, en ocasiones, la abstención resulta mucho más rentable que asumir una postura con valentía.
Movimiento Ciudadano volvió a confirmar lo que desde hace tiempo muchos sospechan: que su papel en Zacatecas consiste en simular oposición mientras facilita los acuerdos del oficialismo cuando verdaderamente importa.
Son expertos en la indignación de utilería.
Presentan reservas sabiendo que ya dividieron el bloque opositor.
Levantan la voz cuando el daño está consumado.
Y luego esperan que la ciudadanía les aplauda por protestar contra sus propias decisiones.
Si eso no es ser comparsa, se le parece demasiado.
Mientras tanto, los pensionados observan cómo quienes durante décadas aportaron al Instituto tienen que salir a bloquear calles y edificios para defender un patrimonio que otros administraron y ahora pretenden rematar como si fuera un trámite administrativo cualquiera.
La tragedia del ISSSTEZAC no comenzó con la venta del Hotel Parador.
Comenzó hace años con administraciones irresponsables, omisiones deliberadas y gobiernos incapaces de cobrar lo que se les debía cobrar a los grandes deudores.

Pero resulta más sencillo vender patrimonio que cobrarle a quienes realmente deben.
Más fácil desprenderse de un inmueble que enfrentar intereses políticos.
Más cómodo sacrificar el patrimonio de los trabajadores que incomodar a los aliados.
Y ahí estuvieron los diputados.
La mayoría oficialista actuando con una frialdad ofensiva frente a quienes sostuvieron durante años el sistema de pensiones.
Los de Movimiento Ciudadano jugando a ser oposición de día y aliados estratégicos cuando cae la noche.
Los demás, administrando silencios.
Porque eso también quedó claro este lunes: muchos legisladores representan mejor a sus coordinadores parlamentarios que a los ciudadanos que los llevaron al Congreso.
Quizá por eso ya no sorprende que las decisiones más delicadas se tomen a puerta cerrada, con prisas, sin debate real y con la calculadora electoral escondida debajo de la curul.
El Hotel Parador podrá cambiar de dueño.
Lo verdaderamente preocupante es que, una vez más, quedó demostrado que hay conciencias políticas que llevan mucho tiempo en venta.
Como dirían los diputados: es cuanto.




