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    ¿Quién gana con el abstencionismo? o “votemos por el menos peor”

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    ¿Quién gana cuando gana la abstención? o lo que es lo mismo ¿quiénes pierden cuando la ciudadanía no acude a votar a las urnas? Pocos hoy quieren hablar del tema, abordarlo. “Son unas elecciones intermedias”, argumentan aquellos, queriendo restarle importancia al tópico.

    En un sistema político electoral dispar y completamente inequitativo, donde el “ganador” puede quedarse con el cargo público con obtener sólo un voto más de diferencia que sus adversarios, muchos suponen que, con que sus electores cautivos,  su  “voto duro”,  salgan a emitir su sufragio el día de los comicios, la tarea estará cumplida.

    Mientras tanto en las campañas, el derroche de dinero –lícito e ilícito-, es evidente, y ofende a las decenas de miles de familia que viven al día, ocupándose de completar a diario para el kilo de tortillas. Pero esto ¿qué importa?

    El día de la elección se acerca y encerrados en sus cuartos de guerra, los asesores políticos realizan sesudas estimaciones, con fórmulas matemáticas, algoritmos y cálculos de ingeniería electoral, para -con una precisión que sorprendería a muchos incautos-, determinar cómo van sus candidatos en cada sección, casilla y distrito electoral. Hasta por colonia y por calle pueden saber cómo les pinta el panorama.

    También con esa precisa labor de gabinete pueden saber dónde hay que realizar “ajustes”: mandar despensas, comprar credenciales, llevar vales para bultos de cemento, y si lo anterior no es suficiente, entonces el capitán de campaña ordenará pasar a la siguiente fase:

    opinion1Presionar a los funcionarios de casilla y representantes  de los partidos opositores para cooptarlos, amenazarlos o intimidarlos para que no se presenten el día de los comicios, y que los ausentes sean democráticamente sustituidos “por alguien de la fila” que iba solo a votar, pero que habilidosamente ya estaba preparado “para cumplir con este deber ciudadano”.

    Sin embargo la gente no es tonta, y a pesar de todo lo descrito, la posibilidad de que una vez más, como ha ocurrido en muchas elecciones, el abstencionismo se imponga en los comicios, preocupa a todos los candidatos de todos los partidos, incluidos los costosos y sesgados organismos electorales.

    Porque aunque muchos lo saben, pocos lo comentan: cuando los ciudadanos deciden no votar por ningún candidato, ni siquiera “por el menos peor”, en ese momento le restan legitimidad a todo el proceso electoral y lo más grave, ponen en evidencia el obsoleto y cuestionado régimen donde las minorías corruptas, gobiernan a las mayorías, sin mayor representación que la que decidió concederles el status quo a través de su corrompido sistema.

    “SI NO VAS A VOTAR, DEJAS QUE OTROS DECIDAN POR TI” “SI NO VOTAS, LUEGO NO TE QUEJES”… Estas son dos de las frases más hechas, los argumentos mañosos con los que las autoridades electorales presionan al elector, para obligarlo y exigirle, que acuda a votar (a legitimar) a alguno de los candidatos que nos propone nuestro raquítico mercado electoral.

    No importa que los candidatos sean probadamente malos gobernantes y corruptos, porque para su mala fortuna el ciudadano ya los “probó”, pues ya han saltado de un cargo a otro, de ida y vuelta.

    Y no se salvan los partidos políticos, ninguno: el tricolor, el amarillo, el azul, el verde, el naranja, el turquesa, ninguno se salva de postular para esta elección en Zacatecas, en su mayoría a cartuchos muy quemados, o que traen su gato encerrado, como uno que otro de los oportunistas “candidatos ciudadanos”.

    De los más de 200 candidatos a presidentes municipales postulados por todos los partidos políticos e “independientes”, y de los alrededor de 100 aspirantes a diputados locales (sin contar a todos sus suplentes), quizá se salven ocho o diez personas, en todo el estado de Zacatecas, que legítima y honestamente buscan el voto de la ciudadanía para ocupar un puesto.

    Pero aún así nuestro egoísta y arbitrario sistema nos obliga a escoger y comprar una manzana, aunque la mayor parte de los productos que están a la venta en anuncios espectaculares con fotografías arregladas y sonrisas falsas, no sean otra cosa que una fruta de brillante cáscara, cuyo interior está descompuesto.

    El Estado, el sistema de partidos y las instituciones electorales deben pues asumir con humildad, que le han fallado durante muchos años a Zacatecas y a México, y que a los ciudadanos ya no nos pueden exigir que votemos, porque como seres humanos tenemos libre albedrio, somos libres de elegir o no lo que queramos, y tenemos derecho ante todo a ser respetados.

    Y los partidos políticos y sus gobiernos, de los niveles municipal, estatal y federal (de todos los colores, los que estaban y ya se fueron, y los que regresaron para seguir siendo los mismos), no deben olvidar que con su omisión, negligencia y corrupción, han bañado a este país de sangre, enlutado a miles de familias con la violencia permitida y hasta promovida, mientras ellos y su estirpe andan en automóviles con blindaje.

    Y no parece importarles tampoco que mantienen a millones de mexicanos en el desempleo y a pueblos enteros con hambre, por sus inhumanas políticas neoliberales.
    Entonces ¿quién gana con el abstencionismo? El abstencionismo aunque no quieran reconocerlo, es una patada en el trasero al sistema: pierden el régimen vigente, sus candidatos y sus partidos políticos. El ciudadano de todos modos, aun votando, no iba a ganar ¿verdad?

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