Todos tenemos unos tenis que nos parecen perfectos para cualquier plan: desde una salida rápida a la tienda, hasta una sesión de ejercicio. Esto es bastante práctico, sí, pero, ¿es lo adecuado? La realidad es que no, porque aunque por fuera se vean perfectos, el desgaste interno provocado por el uso intensivo puede amenazar el bienestar de tus pies.
La finalidad del artículo no es que dejes de ponerte tu par favorito; más bien, queremos explicarte qué pasa en tu cuerpo cuando utilizas un solo calzado y qué deberías hacer si notas que tu comodidad, postura o energía empiezan a verse afectadas.
Lo cómodo también se desgasta
Aun los modelos más ergonómicos pierden eficacia si te los pones a diario, sobre todo si vas de aquí para allá y los expones a diferentes circunstancias. A veces, el mismo ritmo cotidiano es el que nos impide ser conscientes del estado en el que se encuentran unos zapatos. Sin embargo, un minuto basta para revisar que sigan en óptimas condiciones.
¿Las suelas se han comprimido? ¿La plantilla ya se deformó? ¿Acumulan calor? Estas son algunas señales que indican deterioro; ignorarlas podría derivar en problemas físicos y funcionales que es mejor prevenir.
Algo que muchas personas olvidan es que cada tipo de actividad tiene sus propias exigencias en cuanto a soporte, amortiguación y agarre. Al recurrir al mismo par siempre, lo fuerzas a cosas para las que no fue diseñado.
Claro, en un inicio ni se nota, es más adelante que se vuelve evidente: primero con molestias pequeñas, luego con malestares crónicos, como tensión en tobillos, fatiga en los arcos, presión en talones, etc.
En casos en los que el desgaste se da de forma asimétrica, el patrón de pisada se ve alterado, algo que, a largo plazo, puede ocasionar una alteración en la forma en la que está alineado el cuerpo.
La moraleja es: por bueno que sea un par, tiene límites que hay que respetar, y si los rebasas, entonces tienes que buscar unos tenis para hombre o mujer que se adapten a tu ritmo de vida, a lo que haces a diario, para no volver a cometer el mismo error.
Desgaste… ¿Invisible?
Quienes piensan que un agujero en la suela es la única señal válida para dejar de usar unos zapatos están equivocados: la compresión de la media suela o el colapso del talón son ejemplos adicionales a los ya dichos arriba, de cómo el calzado ya envejeció, aunque su forma se mantenga intacta. Al final del día, el pie es el que paga las consecuencias.
Si bien podríamos ahondar en la lista de afectaciones, consideramos más pertinente enfocar el artículo a soluciones. ¿Cuál es la de este problema? ¡Rotar! Darle una oportunidad a los zapatos de recuperar parte de su estructura interna después de un uso.
Ahora te diremos qué se recomienda para hacerlo.
La estrategia de diversificar pares
Hay quienes creen que comprar más de un modelo es innecesario, pero es en realidad una forma práctica de extender su vida útil y, al mismo tiempo, de cuidar tu cuerpo. Es válido que escojas unos tenis blancos, de color o con los detalles estéticos de tu preferencia, siempre y cuando te asegures de que:
- Estén fabricados con materiales duraderos y de calidad.
- Cuenten con una tecnología que eleve su rendimiento.
- Se han diseñado para que des lo mejor de ti en cada actividad que realices.
Además, alternar el calzado favorece la ventilación y la higiene, pues al utilizarlo sin parar, limitas su capacidad de secarse por completo y, a la larga, tanto el material, como las condiciones internas, se ven afectadas.
Hay marcas que han entendido bien esta lógica funcional de la diversificación, como PUMA, que ha desarrollado alternativas versátiles para el día a día, por ejemplo:
- Los RS‑X Triple, con revestimientos de nubuck y gamuza, así como una suela exterior de goma que lo hace apto para horas de desplazamiento.
- Los Smash 3.0 Cuero, equipados con una plantilla que brinda confort, un cuello acolchado y un perfil discreto, aunque apropiado para diferentes situaciones.
Cada actividad pide algo distinto
A lo mejor, para ti no hay gran diferencia entre unos tenis deportivos y unos para planes casuales, pero tus pies sí perciben los detalles que caracterizan a los modelos que se elaboran para cada contexto. Poco a poco, también vas a notar cómo tu desempeño mejora.
Dicho esto, te sugerimos que adquieras unos tenis pensados para cubrir distintas necesidades, desde amortiguación hasta estabilidad, desde ligereza hasta resistencia al uso prolongado, evaluando qué clase de soporte requiere tu cuerpo, de acuerdo a tu rutina diaria.
A modo de cierre, respondamos puntualmente a la pregunta que titula la nota: No, no es del todo malo, sin embargo, sí una práctica que te recomendamos dejar de a poco, en especial, si has notado dolencias en tus pies o alguna otra anomalía. Cambiar tus hábitos es el primer paso para que te sientas diferente.




