Un Congreso convertido en película de bajo presupuesto, con tribuna, insultos y acusaciones de alto calibre
Hay días en las que el Congreso del Estado parece olvidar que fue construido para legislar y no para competir por el horario estelar.
La más reciente sesión tuvo de todo: insultos, descalificaciones personales, acusaciones de “narcoestado”, referencias a supuestas “novias” del poder y, como inevitable acto final, el recurso a la violencia de género.
La política local, convertida en espectáculo.
Desde la tribuna, la diputada Karla Estrada decidió sacar la artillería pesada. Llamó a una compañera “descolorida”, “la correa del Verde” y “la favorita del gobernador”. Pero aquello apenas calentaba motores.
Después lanzó una acusación mucho más grave: calificó al gobernador David Monreal de “narco gobernador” y habló de Zacatecas como un “narcoestado”. También aseguró que en 2027 se irían él y “todas sus novias”.
El problema es que semejantes acusaciones no son precisamente confeti para arrojar desde una tribuna. Si existen pruebas, corresponde presentarlas ante las autoridades competentes. Si no existen, quedan flotando en ese territorio pantanoso donde la política suele confundir la denuncia con el espectáculo.
Y entonces apareció el segundo acto.
Susana Barragán decidió ponerse el saco y anunció que recurriría a instancias legales, al tiempo que enmarcó los señalamientos dentro de la violencia política contra las mujeres y recordó que México tiene una Presidenta.
Aquí es donde el asunto comienza a parecerse menos a una sesión legislativa y más a una pelea de reality show con fuero constitucional.
Porque una cosa es denunciar violencia de género —un problema real que merece atención seria— y otra muy distinta utilizar cualquier crítica, incluso cuando pueda ser política o personal, como escudo automático contra la incomodidad.
Y ahí está el verdadero desastre.
Mientras unas legisladoras se lanzan adjetivos desde la tribuna, otras responden invocando leyes, género y feminismo; mientras tanto, las acusaciones más graves quedan flotando en el aire como humo de cantina.
El ciudadano observa desde afuera este extraño espectáculo preguntándose cuándo comenzó el Congreso a parecer una mezcla de tribunal, programa de chismes y ring político.
La tribuna debería servir para discutir leyes, presupuestos, seguridad, educación y los problemas que tienen a Zacatecas contra las cuerdas.
No para determinar quién es la favorita de quién.
No para intercambiar insultos.
Si hay pruebas, que aparezcan.
Si hay delitos, que se denuncien.
Si hay violencia política de género, que se investigue.
Y mientras el espectáculo continúa, Zacatecas sigue esperando respuestas sobre seguridad, educación, servicios públicos y una larga lista de problemas.
Definitivamente Hunter Thompson habría pedido otra ronda.
Cómo dirían nuestras flamantes diputadas: es cuanto.




