Parte III: El artista multidisciplinario
Bienvenidos. Como recuento, en la entrega anterior le dedicamos un poquito a todo: a la vida, las inquietudes y los gustos de nuestro testimonio, Hiram Santiago Cortés Palacios, su tránsito por Nueva York y Orange County, su afición por la pintura, la escultura y las motocicletas. También nos acercamos a su familia.
Entre lo recopilado podemos deducir que algunos comentarios que se filtraron en el torrente de palabras eran una especie de radiografía de su sentir. “Me desarrollé como un norteamericano. De hecho recuerdo a muchos amigos que sí fueron vistos como wetbacks. No me gustaba y francamente no comprendía porqué yo nunca fui tratado igual”.
El testimonio más contundente suele ser el que revela todo con la naturalidad de una simple charla. Hoy presentamos la tercera parte dedicada a la enorme habilidad de Santiago para desarrollar su talento.
Lo auténticamente mexicano y el gusto fronterizo
Cualquier intento amateur podría resultar en una catástrofe. Ya tenemos muchos de esos delirios musicales en la cultura pop, atiborrando radiodifusoras y emisoras televisivas.
En fin. Nuestro testimonio resultó un dechado de virtudes. Toca la batería magistralmente, la guitarra y el bajo. Cada percusión anota la estridencia perfecta y el arpegio es invaluable. Podría ubicar su estilo entre el jazz, pero va del rock progresivo al más violento y bestial estilo sonoro sin problemas técnicos y con una naturalidad inocente. Siempre limpio y pulido.
El día que estuve conversando con Hiram en su casa me invitó a la habitación que comparte con su hermano, que es también un pequeño estudio musical. Ahí tiene montada una Pearl de cinco toms y un bombo con doble pedalera, completísima, y varios platillos de los que sacó todos los tonos posibles. Había también una guitarra eléctrica, edición especial Les Paul, una semiacústica ultradelgada que compró en un remate a mitad de precio, según me confesó al ver mi asombro por la belleza del instrumento.

Tenía mucho tiempo que no escuchaba a alguien tocar la batería tan bien.
– La gente que está allá no desarrolla bien su gusto estético. Supongo que se debe a que lo único que hacen es trabajar, no les queda mucho tiempo para desarrollar el alma. Creo que lo que se ha dado a conocer últimamente es la literatura chicana, que viene a ser un estatus cultural. El chicano se asume como mexicano en Estados Unidos y ha combinado las culturas o, por lo menos, lo que reconoce de lo mexicano-, comentó Hiram Santiago.
– ¿Te refieres a que no hay muchas cosas auténticamente mexicanas allá?- le pregunté.

Ese día Hiram cumplió años. Su mamá le preparó un pastel de chocolate. Lo decoró con fresa y gotas de caramelo de colores.
Hiram tocó el Concierto de Aranjuez y la introducción, complicadísima, de ‘Mediterranean Sundance’ de Al Di Meola. Y tocó con mucha gracia ‘La Cucaracha’ en la batería. Dejó ver su faceta multidisciplinaria, el artista.
Mientras tanto, yo terminé mi rebanada de pastel.
Júbilo y Delirio: expresiones de la frontera. Parte I
Parte II.- Miradas a cuadro
FOTOS: JONATHAN GONZÁLEZ
* Jonathan Conetl González es egresado de la Licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Aunque es zacatecano actualmente vive en Mexicali donde realiza una investigación sobre el fenómeno migratorio. Terminó su primer libro de cuentos ‘Palabras en primera persona’ y el cuadernillo de poemas ‘Distancias interiores’.




