Uno de los unipersonales más divertidos del Sexto Festival Internacional de Narración Oral fue el presentado por Juan Jaime Gutiérrez “El Conde de Agualeguas”.
Oriundo de Nuevo León, este narrador e investigador del folclor, las tradiciones y las costumbres del noreste mexicano trajo su pícaro repertorio a Zacatecas.
Su trabajo investigativo pretende rescatar formas de hablar, ritmos, tiempos y expresiones idiomáticas, con los que ha dado forma a los personajes que lleva al escenario.
Su imaginario lo conforma un pueblo que creó, ubicado en el noreste del país.
Durante 25 años se ha dedicado a la narración, mismos que le han servido para crear su propio material, el cual está lleno de humor, en el que cuida la forma de hablar, de vestir y hasta de comer de la región a la que alude.
Gutiérrez compartió su espectáculo “Visitando el Pueblo”, en el que habló sobre la plaza del lugar, en la que había una banca de cemento, otra de metal y una fuente que daba toques, también había macetas con escasas flores, escalones de mosaico y deshojados árboles.
También habló de los personajes allí que vivían, como Próculo “El de en medio”, que estudiaba computación por el ratoncito; Lalo “Puñales”, el más turbado del lugar, porque metía al niño dios al horno para adorarlo; Gertrudis y Timotea, las solteronas del lugar, que, muy a su pesar, aún eran señoritas, y que aprovechaban cualquier oportunidad para tener un rose con los hombres.
El cura resultó ser un “Don Juan”, pues se involucraba con las feligresas; la cartera, que se enteraba de la vida de todos y que tenía una hija dedicada al oficio más antiguo del mundo, y por supuesto, la cantina, donde se suscitaban un sinfín de situaciones.
Juan Jaime mantuvo a los asistentes atentos en todo momento. Las carcajadas fueron también la constante de la presentación, debido al pícaro, pero fino, humor que maneja.
“El Conde” caracterizó algunos de sus personajes. Vistió con una sotana; personificó a Rosa, la cartera, con una chalina de llamativos colores y un rebozo café, así como su maletín para cargar las cartas.
Al finalizar su presentación, Juan Jaime agradeció y se despidió del público con el mensaje de que “Sonreír no cuesta nada, pero vale mucho, pues la sonrisa es muy importante, ya que es la primera manifestación de la alegría y ésta es la plena manifestación de la felicidad”.



