En el sureste zacatecano se dice que la lluvia que cae cuando alguien muere es muestra de que el cielo le da la bienvenida al alma del difunto. En la mayor parte del estado estuvo lloviendo diariamente la semana pasada, casi diario. Ayer fue el primer día que en la capital no hubo ni lluvia ni nubes, pero murió un gran hombre a quien el cielo se negó a darle la bienvenida con lluvia.
De alguna manera el clima se alió con la muerte, que entró a hurtadillas en la calle Honduras y decidieron que Benjamín Morquecho Guerrero no debía ser recibido con lluvia, luego de conversar un rato, el clima y la muerte optaron por brindarle un día de sol, dejar “un aire sereno después de la tempestad” y recibir a Morquecho con su canción favorita materializada “’O sole mio” .

El homenaje fue exquisito y me mostró algo que todos sabemos, que Morquecho siempre fue el mismo para todos, que todos fuimos sus compañeros y que a todos nos recibió con afecto. Las anécdotas pueden ser diferentes, pero en cada lectura la constante fue Benjamín Morquecho y la solidaridad del viejo.

Lauro Arteaga recordó a Morquecho como un excelente conversador, con quien cualquier discusión podía llegar o no a un acuerdo, pero irremediablemente se obtenía un enriquecimiento de sus conversatorios.
Alejandro García Ortega lo describió como un hombre “asquerosamente divertido”, así, con una evocación de las expresiones del decano universitario y tras decir sus deseos de suplir las palabras por el llanto comenzó un recorrido por los años junto al maestro. Recordó que se caracterizaba a sí mismo como el propietario de “una mente cultivada” y lo era, eso y más.

Cada uno de nosotros teníamos la libertad de hacer germinar esa semilla o dejarla ahí pudriéndose en la ignorancia. Nunca lo hacía de forma directa, pero terminaba obligándonos a leer, a escribir y a escuchar.
Su ausencia física causa sentimientos encontrados entre quienes lo conocimos, pues la tristeza se hace presente pero no logra apoderarse por completo de las personas, su recuerdo inspira sonrisas y satisfacciones, tanto profesionales como personales.

Ayer, como ya comenté, el clima y la muerte acordaron darle sol a Morquecho, ‘il suo sole’. Sabían que la lluvia no haría falta, pues las gotas que deberían caer del cielo a partir de hoy saldrán de los ojos de todos los humanistas que tuvimos la fortuna de conocerlo y certeza de que hoy aunque lo perdimos sigue entre nosotros.
Descanse en paz Benjamín Morquecho Guerrero; y lo cito “sigamos disfrutando la fiesta”…
* Eva Gaytán es periodista, conferencista, licenciada en Letras y maestra en Investigaciones Humanísticas y Educativas.
FOTOS: OSVALDO MARTÍNEZ




