Esaú Hernández Herrera, secretario general de gobierno, acudió al homenaje que autoridades civiles y militares le rindieron al general. J. Jesús González Ortega, al pie de su monumento ecuestre, al cumplirse 130 años de su fallecimiento.
Acompañado del procurador de Justicia, Arturo Nahle, el secretario de gobierno recordó que la victoria de González Ortega en Calpulalpan contra los conservadores terminó con la Guerra de Reforma, también llamada de Tres Años, “batalla que llenó de gloria al zacatecano homenajeado”, dijo.
Luego, Hernández Herrera contó un poco sobre la vida de González Ortega.
“La victoria de González Ortega dio paso al retornó triunfante de Juárez a la Ciudad de México en enero de 1861, y significó la derrota definitiva del partido conservador, hecho histórico que selló el triunfo de una revolución de principios”, comentó.
Agregó que la Guerra de Reforma tuvo como consecuencia la separación de la Iglesia y del Estado; la libertad de conciencia y, la posibilidad de que en México se diera una nueva época en la política, la economía y la cultura.
Luego, Hernández Herrera se preguntó: ¿estaría satisfecha la generación de la Reforma con el México de nuestros días?, y dijo estar completamente seguro de que no.
“No porque en nuestra forma de ser no se ha arraigado la cultura del respeto a la Constitución y a las leyes que de ella se derivan, como el único camino para alcanzar el progreso y la paz”, sentenció.
Estoy seguro, subrayó, que para la memoria de los hombres de la Reforma y para la de González Ortega no es motivo de orgullo que la conducción de mexicanos esté frecuentemente marcada por la ineficiencia y la corrupción, flagelos que parecieran ser naturales en gobiernos de todos los signos partidistas.
“Y lo peor, la sociedad no es ajena a esas conductas, nuestro pasado colonial está presente con una vitalidad que inquieta, se repite otra vez la verdad de que no hemos aprendido suficientemente la lección de los liberales de la Reforma”, añadió.
Frente a la grandeza de espíritu, consideró a la rectitud de conducta de los liberales de la Reforma, a su lucidez formidable, con frecuencia en el quehacer gubernamental ofrecemos ejemplos llenos de vanidad, de codicia, de pequeñez de alma.
De ahí, la necesidad de reconstruir nuestra cultura, el ejemplo está ahí, en hombres como el general J. Jesús González Ortega. dijo.
Es preciso comprender que sólo con una buena ley y una ciega obediencia a ella, prevalecerán los derechos verdaderos, la justicia, la igualdad, la libertad, la paz, comentó Hernández.
González Ortega fue un zacatecano fuera de lo común, un hombre de letras y de armas; un soñador, un hombre que tuvo fe en sus ideales y que hizo todo lo que estuvo a su alcance para realizarlos, puntualizó.
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