En Zacatecas los sacerdotes en retiro no reciben propiamente una jubilación pero sí se cuenta con un fondo de solidaridad para apoyar a su manutención, conformado por el 7 por ciento de las limosnas que dan los fieles, explicó el vicario general de la Diócesis de Zacatecas, presbítero Ezequiel Moya González.
De los 231 párrocos que hay en Zacatecas alrededor de 90 rebasan los “60 y más”; el vicario expresó que tal es su caso, sin embargo el obispo Sigifredo Noriega Barceló le ha dicho que hay mucho trabajo por hacer.
“Somos muchos los que tenemos mucho pasado y poco futuro, el futuro más grande que tenemos es el de la vida eterna”, comentó.
Sin mencionar una cantidad específica señaló que los clérigos en invalidez o edad avanzada cuentan con un subsidio, que obviamente es muy precario en comparación con lo que reciben quienes se mantienen activos.
Detalló que para costear los gastos de una enfermedad se creó a través del Centro Cultural y de Asistencia Sacerdotal un fondo mediante el cual el sacerdote, la institución donde trabaja y la Diócesis a la que pertenece realizan una aportación anual.
“Entonces cuando viene una enfermedad difícil, incluso cuando viene la muerte también, de ese fondo se toma para gastos mayores de salud. Ustedes recordarán que se nos murieron 2 sacerdotes recientemente y creo que esta fundación apoya con 25 mil pesos para gastos funerarios”, añadió.
Moya González refirió que inclusive la Diócesis “le ha entrado” con gastos extraordinarios cuando los subsidios no alcanzan, por ejemplo en una operación a corazón abierto.
Resaltó que es importante que los feligreses no se queden con la idea de que “el padrecito recoge todas las limosnas” y que se queda con ellas, sino que sepan que cada una de las 118 parroquias de la Diócesis lleva una contabilidad y rinde cuentas.
3 por ciento de las limosnas se destina a gastos de manutención del Seminario Conciliar de la Purísima, ubicado en el municipio de Guadalupe. “Son 200 personas entre personal y alumnos que hay que sostener de alimento, de techo, maestros y demás”, explicó.
El resto de lo que la gente deposita en las charolas se destina al sostenimiento del mismo culto religioso, personal de apoyo en los templos y algunas obras asistenciales.
Entre los proyectos de la Diócesis, comentó que se tiene la idea de contar con un albergue o casa del migrante, pues se observa la precariedad en la que viven las personas de la periferia en las zonas urbanas.
Dijo que se ha visto que el gobierno y la Iglesia se ven rebasados cuando se trata de dar un alimento caliente y ofrecer un techo en época de frío.
La iniciativa se analiza, y mientras se logra algo en concreto este invierno la Iglesia continuará con la tradición de enviar 25 cobijas a cada parroquia para que se repartan entre los más necesitados.
Seminario abre sus puertas a profesionistas y adultos
En cuanto a las vocaciones, Moya González destacó que se está dando un nuevo fenómeno con el ingreso de jóvenes y adultos profesionistas al Seminario, entre ellos ingenieros y docentes que han sentido el llamado de Dios a la formación sacerdotal. Inclusive mencionó que ahorita hay un seminarista de más de 60 años.
Dijo que los adolescentes que llegan cuando apenas salieron de la preparatoria “son más inseguros y perseveran muy poco, en cambio el que ya viene con una carrera o media carrera es más estable, no digo que el 100 por ciento pero son más estables”.
FOTO: CORTESÍA




