Falleció este domingo 15 de mayo
Cuando se supo la noticia del fallecimiento de don Eugenio Mercado Sánchez se corrió como reguero de pólvora entre todos aquellos que tuvimos la fortuna de conocerlo.
Todos los que tuvimos contacto con él en algún afortunado momento de nuestra vida, conocíamos al menos a tres más que lo hayan querido de forma sincera y honesta, era imposible no quererlo.
Cuando comencé a trabajar en el periódico Imagen, del cual era director general, me entrevistó personalmente, acompañado del jefe de información, Alfredo Valadez, quien al poco tiempo se convirtió en un amigo para él, con quien había un entendimiento mucho más allá del plano laboral.
Aun en el banquillo de los acusados me sentía en confianza, pues la presencia de don Euge, como le decíamos en redacción, imponía respeto pero a la vez tranquilidad y paz, quizá porque solo eso tenía en su interior.
Siempre fue un hombre entregado y apasionado por todo lo que hacía, cuando entraba al área de redacción del periódico, era como si llegara un rayo de luz, pues a pesar del cansancio y algunas veces la ira, él tenía la manera de hacernos sonreír y olvidar cualquier molestia.
Sus siempre veloces pasos, como si tuviera prisa de llegar a otro lugar, no por alejarse de donde estaba, sino por acercarse a alguien más, siempre se detenían ante una solicitud de plática, de saludo, a veces solo para dar una fuerte palmada en el hombro mientras fumaba su Marlboro rojo que sostenía con la otra mano.
Esa palmada de aprecio o de reconocimiento tenía la característica de ser fuerte y algunas veces dolorosa, pero pasaba, pues venía de parte del patrón para quien todos sus empleados éramos importantes y estimados.
Su estilo jocoso y burlón más que hacernos sentir burlados, nos hacía parte de su mundo, de un universo donde todos los empleados y los jefes éramos parte del mismo proyecto y por lo tanto igual de importantes.
Como sus empleados, sabíamos que la única opinión importante era la de él, pues era el patrón y quien sabía cómo se tenía que hacer el periodismo.
Eugenio Mercado era conocido por sus familiares y amigos más cercanos como Pacheli, debido a que en 1958, año de su nacimiento, murió el Papa Pio XII, Eugenio Pacelli, razón suficiente para que una familia verdaderamente católica asumiera la responsabilidad de nombrarlo igual.
Amaba los niños, y cuando había uno cerca se convertía en otro más, jugaba con ellos, platicaba y a veces los defendía de sus “despiadadas madres”, si por alguna razón teníamos que llevarlos al trabajo.
Don Euge era un hombre al que le molestaba el desorden, por lo que una vez tomó de mi escritorio -que era un pila de basura-, 50 pesos que tenía entre los papeles, ofreció pagármelos si a las 7 de la tarde estaba ordenado mi lugar de trabajo.
No era por el dinero, sino por el juego. Rápidamente ordené mi escritorio, llegó a las 7 en punto, vio que estaba limpio y me entregó en pago los 50 pesos que eran míos mientras se reía de que me había visto la cara.
Después de eso me propuso un trato. A partir de ese momento semanalmente me pagaría 50 pesos a cambio de que limpiara mi escritorio, pues le “daba miedo pasar por ahí, no vaya a salirme un cocodrilo de entre la basura y los papeles”.
Tres meses me pagó 50 pesos semanales para que lo limpiara. Pero ya eran de su bolsa, no tomados de mi escritorio.
En otra ocasión hubo un problema de seguridad en Villanueva, con toda la disposición del mundo me acerque y le dije: “Patrón, ¿me voy a Villanueva?”, el hombre serio e incluso asustado me dijo: “No, ¿Cómo la voy a mandar allá? Está muy peligroso, le podría pasar algo. Que vaya Julia –otra compañera” no pude contener la risa causada por los comentarios anteriores.
Anécdotas de juego, risa, y muestras ocultas de afecto, todos lo que estuvimos a su lado las tenemos. Pero también tenemos las muestras de afecto visibles, pues era demasiado bueno como para no mostrar el cariño a cada momento.
Era un hombre de puertas, brazos y oídos siempre abiertos para nosotros. Sabía consolar y regañar, defender y si era necesario también reprender. Enseñaba, no maltrataba. Lo hacía todo con respeto, siempre con respeto.
Es por eso que no se puede dejar ir a un hombre tan maravilloso sin al menos agradecerle por este medio las enseñanzas que nos dio a todos los que estuvimos a su lado.
Hablo por mis compañeros y amigos, Manuel, Leo, Susana y una servidora, quienes nunca olvidaremos el abrazo que nos dio el último día que estuvimos en Imagen, cuando íbamos saliendo de su oficina, y sólo decía “Ay muchachos”.
Don Eugenio era un excelente jefe, amigo, padre, maestro, hombre, periodista, investigador, pero lo más importante, era uno de los mejores seres humanos que han cruzado por mi vida y por la de muchos.
No cabe ni cabrá nunca a lugar a dudas, Dios no se equivoca, por eso se lleva a los mejores. Descanse en Paz Don Eugenio Mercado Sánchez, el patrón. El único.
FOTO: CORTESÍA




