En los países anglosajones este 31 de octubre se celebra la fiesta de Halloween. Chicos y grandes se disfrazan de brujas, esqueletos, momias, vampiros o zombies para salir a pedir dulces y hacer temibles travesuras a sus vecinos.
Para ellos enfrentar sus miedos con entusiasmo y sentido del humor es uno de los pasatiempos más divertidos que hay durante la colorida y extendida celebración.
Sin embargo, mucha gente en Australia, Estados Unidos, Irlanda, Nueva Zelanda y Reino Unido ha desarrollado también un miedo irracional, injustificado y persistente hacia la festividad.
La fobia a la “Noche de Brujas” hoy se conoce como samhainofobia y los ‘samhainofóbicos’ llegan a experimentar gran malestar y ansiedad ante la sola idea de que los espíritus invadan el mundo de los vivos.
En Estados Unidos, por ejemplo cada 31 de octubre millones de personas gastan su dinero viendo películas te terror, se disfrazan de zombies, para inspirar terror y pánico decoran sus casas, negocios y jardines con calabazas, arañas, lápidas de papel figuras de esqueletos y fantasmas.
Pero la decoración no resulta divertida para quienes experimentan la patología, pues ésta puede resultar la noche más terrible del año.
La samhainofobia está ligada a otras fobias como ailurofobia, miedo a los gatos; aracnofobia, a las arañas; coimetrofobia o miedo enfermizo a los cementerios y las tumbas; espectrofobia, a los fantasmas; nictofobia, a la oscuridad, y vicafobia, que es como se denomina el temor irracional a las brujas y a la brujería, por citar unas pocas.
FOTO: ARCHIVO




