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    La Muerte Niña: fotógrafo inmortalizó a pequeños difuntos zacatecanos

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    Entre las décadas de 1930 a 1950, Antonio Bustamente realizó lo que hoy se consideran históricas fotografías de pequeños que acababan de morir, la mayoría de las cuales, en blanco y negro, fueron tomadas en Fresnillo. Esta expresión fue llamada «La Muerte Niña».

    José Antonio Bustamante Martínez nació en 1893 en la Ciudad de México. Su trabajo fotográfico en la ciudad de Aguascalientes inició en 1918, donde aprendió fotografía y ferrotipia.

    En 1928, luego de recorrer ferias y pueblos del país, instaló en Fresnillo, Zacatecas, un estudio fotográfico al que llamó “El Gran Lente”, donde tenía una sala con cortinas en una de las paredes, algún mueble más o menos adecuado, el reclinatorio y un banquito donde sentaba a las personas que retrataría.

    La costumbre de fotografiar a los niños muertos estaba muy arraigada sobre todo en los pueblos chicos y en los ranchos. Los deudos buscaban  un fotógrafo, “lo acompañaban con música y canciones en su cajita blanca, se echaban cuetes porque decían que eran angelitos”, según el relato sobre el fotógrafo que aparece en el libro ‘El Gran Lente’, México, SEP, 1992.

    En 1962, Bustamante Martínez regresó  a la Ciudad de México y ahí mantuvo su estudio hasta su cierre, en 1970. 3 años más tarde falleció. Su acervo fotográfico fue rescatado de entre los escombros del terremoto de 1985 y entregado a la Fototeca Nacional para su resguardo.

    muerte-ninaPreservan recuerdo de los “angelitos”
    Conocida como «La Muerte Niña”, la costumbre de preservar la imagen de un infante muerto surgió en Europa, donde a través de la pintura las clases pudientes representaban los pequeños difuntos.

    La práctica llegó a América durante la época colonial, en el siglo XVII. En la primera mitad del siglo XIX la fotografía sustituyó a la pintura porque era menos cara, lo que la hizo accesible para las familias humildes y de clase media.

    Se cree que la fotografía fúnebre nació en Francia a mediados de 1839 y luego se extendería por otras partes de Europa.

    En México, los retratos de niños fallecidos a mitad del siglo XIX eran práctica común, debido al alto índice de mortandad entre los primeros meses de vida y hasta los 5 años de edad a causa de enfermedades como viruela, diarrea, fiebre y pulmonía.

    Las fotos no se hacía por morbo, sino porque en aquel entonces no se tenían al alcance los recursos fotográficos que existen en la actualidad y que permiten hacer una imagen de la persona en cualquier momento del día.

    En aquellos años el objetivo era la preservación del recuerdo, guardar la imagen del rostro en la memoria y dejar testimonio de que los “angelitos” fueron parte de la familia.

    En México son muy conocidas las fotos de Juan de Dios Machain, tomadas a finales del siglo XIX y comienzos del XX, y del célebre retratista guanajuatense Romualdo García Torres (1852-1930), quien captó con su lente imágenes realmente conmovedoras.

    muerte-nina-1En el caso de Zacatecas el fotógrafo José Bustamante Martínez se destaca durante el siglo pasado por su contribución a esta expresión visual.

    Las fotografías post mortem de niños del siglo XIX y principios del XX son duras, cargadas de tristeza, en donde el dolor vivo del deudo contrasta con el cuerpo infantil vestido de santo o en representaciones de escenas cotidianas y coronado de flores con una palma o flor en la mano.

    Cuando el niño iba a morir, los padres llamaban a sus padrinos de bautizo para que lo vistieran y corrieran con los gastos funerarios.

    El pequeño difunto era ataviado con su ropón o con la indumentaria de un santo; a las niñas se les amortajaba como la Virgen de la Inmaculada Concepción y a los niños como San José o el Sagrado Corazón de Jesús.

    Luego los coronaban con flores de azahar y en la mano se les colocaba una palmita de la misma planta o una vara de nardos y azucenas, con lo que se reflejaba su pureza e inocencia.

    Sus cuerpos aparecen en los regazos de sus padres o padrinos, acostados sobre un altar cubierto con una sábana blanca, rodeados con rosas y nubes o en posturas cotidianas. Solían acompañarlos también sus hermanos y abuelos.

    De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) esta práctica fue muy común durante aquel periodo, sin embargo, en la actualidad este estilo fotográfico ha continuado, ya que existen algunas comunidades que aún lo practican, como los municipios de Pinos, en Zacatecas, y Cosío, en Aguascalientes.

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    FOTOS: CORTESÍA

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