La cultura zacatecana está de luto. La noche de este viernes falleció en Guadalajara, Jalisco, el artista plástico, escultor, grabador y pintor nacido en Ojocaliente, Zacatecas, quien a lo largo de más de 6 décadas de trayectoria transformó el arte en identidad, la materia en símbolo y los espacios públicos en galerías vivas.
Tenía 82 años. Con su partida, se cierra una era para el arte zacatecano, pero se abre un camino inmenso de memoria y permanencia.

Un artista nacido del asombro
Ismael Martínez Guardado nació el 13 de septiembre de 1942, en Ojocaliente, un pueblo que, como él mismo contaba, se convirtió en el escenario mágico de su infancia.
Frente a la plaza principal, entre procesiones, juegos mecánicos y títeres, nació su curiosidad. Fue ahí, en el bullicio popular, donde su mirada comenzó a capturar el color, la forma y el movimiento.
El cine, más tarde, sería su gran revelación: la sala Oteo y sus proyectores despertaron en él una fascinación por la imagen, que terminaría por definir su vocación.
Desde pequeño mostró un don natural para el dibujo. Copiaba almanaques, creaba proyectores caseros y se refugiaba en el lenguaje visual. En su adolescencia trabajó como telegrafista, experiencia que luego transformó en parte de su lenguaje plástico mediante el uso de códigos como el Morse en algunas de sus piezas.
El apoyo de su madre, la compositora Isidora Guardado, fue determinante. Decidió trasladar a la familia a la Ciudad de México para que su hijo pudiera estudiar arte en la Academia de San Carlos. Fue ahí, entre 1962 y 1966, donde Ismael encontró el espacio perfecto para volcar su pasión.

Una trayectoria que desafió fronteras
Ismael Guardado fue un artista polifacético. Experimentó con pintura, grabado, escultura monumental, vitral, cerámica, arte objeto, textil y más. Su obra forma parte de colecciones públicas y privadas en México, Francia, Japón, Estados Unidos, Alemania, y otros países.
Expuso en los 5 continentes y recibió más de 70 premios y reconocimientos nacionales e internacionales.
En París, se especializó en diseño gráfico y combinó la creación plástica con la música, tocando con su compañero en el local Le Bateau Ivre.
En Tokio, fue aprendiz y asistente en un importante taller de gráfica, experiencia que lo marcó profundamente. A su regreso, dirigió el taller de grabado del Museo José Guadalupe Posada en Aguascalientes y fundó el Laboratorio de Artes Visuales en esa misma ciudad.
La enseñanza también fue una parte central de su vida. En Zacatecas y Aguascalientes formó generaciones de artistas. “La carrera del artista no es solo mojar el pincelito. Es prueba y error, es entrega”, solía decir.

El Prometeo y el arte público como legado
Aunque su arte vive en museos y colecciones alrededor del mundo, es en Zacatecas donde dejó una huella profunda e indeleble. En especial, su obra Prometeo, colocada en la fachada de la Unidad Académica de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), se ha convertido en una imagen icónica de identidad universitaria.
El enorme relieve metálico de 15 metros por 20 fue realizado por el maestro de forma gratuita en 1969, a petición de estudiantes y académicos, pidiendo únicamente el material necesario.
Su arte no está confinado a galerías: está en las calles, en las universidades, en los hospitales y en los edificios gubernamentales. Zacatecas es, en muchos sentidos, un museo abierto de Ismael Guardado.
Otra de sus piezas más notables es Bajo la Roca, mural que recibe a los visitantes del Congreso del Estado y que, como muchas de sus obras, entrelaza elementos prehispánicos, barrocos y modernos en una narrativa visual poderosa.

El reconocimiento en vida
El 19 de mayo de 2019, la 68 Legislatura del Estado lo declaró “Hijo Predilecto de Zacatecas” en Sesión Solemne, en reconocimiento a sus 5 décadas de aportación al arte nacional. Aquel día, conmovido, el maestro expresó: “Sigo creyendo en la cultura como mecanismo de cambio”.
Durante la ceremonia, recibió el Decreto 133 en manos de autoridades de los 3 Poderes del Estado. El entonces gobernador Alejandro Tello Cristerna reconoció su aportación invaluable: “Ha puesto en alto el nombre de Zacatecas en el mundo”.

Una filosofía del arte
Guardado nunca dejó de crear. Su lenguaje visual evolucionó sin cesar, en un constante diálogo entre abstracción, geometría y organicidad.
Sus obras están impregnadas de una sensibilidad casi telúrica, de texturas que emanan del subsuelo emocional de Zacatecas. Marrones, ocres, cobres y naranjas bronceados definen una paleta que remite tanto al pasado ancestral como a una fuerza vital contemporánea.
“Me gusta descubrir. Una nueva obra se va trabajando sobre la marcha, con libertad. No hay una obra más representativa. Toda la obra es la obra. Cada trazo nace de raíces y significados”, dijo alguna vez el artista.
Para él, el arte era una forma de conocimiento profundo: “Cada ser tiene un significado diferente en la vida, pero la equidad y la igualdad son lo más importante en la existencia del ser humano”.

Un adiós lleno de gratitud
La noticia de su fallecimiento estremeció al mundo cultural y artístico de Zacatecas y México. Instituciones como el Instituto Zacatecano de Cultura expresaron su dolor: “Su legado vive en cada trazo, en cada forma, en cada espacio que transformó”.
El gobernador David Monreal Ávila también lamentó su partida: “Su pasión por la creación lo consolidó como un referente de las artes plásticas”.
Amigos, colegas, alumnos, familiares y admiradores compartieron en redes sociales imágenes y recuerdos del maestro. Un homenaje espontáneo brotó de la comunidad artística que lo acompañó en vida.
Más que un artista
Ismael Guardado no solo fue un creador de formas, sino un forjador de símbolos. Convirtió el arte en vehículo de memoria, de identidad y de transformación social. Fue, y seguirá siendo, un referente no solo de Zacatecas, sino del arte mexicano contemporáneo.
Hoy, su estudio permanece como un santuario donde confluyen pintura, música, palabras y silencio. Una línea de tiempo viva donde cada pieza respira la energía de su creador. Su cosmos permanece abierto para quienes se acerquen a él con respeto, sensibilidad y asombro.
Y aunque el maestro se ha marchado, su obra continúa hablando. Sigue ahí, como él decía: “sin filtros, desde lo más recóndito del ser”. Descansa en paz, maestro Ismael Guardado. Zacatecas te honra y el arte te eterniza.




