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    Morismas de Bracho: tradición sacrificada por la búsqueda de un Récord Guinness

    Este año la meta por obtener el Récord Guinness como la representación histórica más grande del mundo amenaza con eclipsar la esencia de una de las tradiciones más antiguas y queridas de Zacatecas: las Morismas de Bracho, ya que tanto los participantes como el público asistente estarán sometidos a estrictos controles.

    Mientras se prioriza el desfile y medidas de seguridad rigurosas, en las Lomas de Bracho la falta de acondicionamiento del Cerro de San Martín —espacio donde cada año participantes forman símbolos religiosos como la emblemática cruz cristiana y la medialuna árabe, además de realizar el tradicional parlamento— son una muestra de la desatención a una actividad crucial.

    A partir del sábado 30 de agosto a las 10 de la noche se harán cierres parciales y despeje vehicular sobre la avenida Hidalgo y calles aledañas, previo al desfile que se llevará a cabo el próximo domingo 31 de agosto por las principales calles del Centro Histórico.

    La colocación de vallas metálicas por primera ha generado un clima de inconformidad entre fieles y cofrades. Para los asistentes será más difícil observar el desfile, y para los devotos que pagan mandas a San Juan Bautista, el recorrido se verá alterado en nombre de una certificación que muchos consideran ajena al verdadero espíritu de la festividad.

    Restricciones y malestar entre los asistentes

    Con el afán de cumplir con los requisitos impuestos por Guinness World Records, las autoridades estatales y municipales han ordenado cierres viales y la instalación de vallas metálicas sobre la avenida Hidalgo y calles aledañas.

    Estas medidas limitarán el paso y reducirán la visibilidad de los espectadores, obligando a familias y visitantes a observar, si alcanzan lugar, desde banquetas estrechas y sin posibilidad de cruzar de un lado a otro de la calle.

    Para muchos, la escena se vuelve aún más dura: devotos en sillas de ruedas, con carriolas, cañones o cargando imágenes religiosas verán limitado su trayecto para formar filas sin cambios; además, los contingentes deberán detenerse hasta por una hora para que jueces y notarios realicen el conteo oficial exigido por Guinness.

    “Nos están quitando la fe. A ellos no les importa el sacrificio que hacemos, solo quieren colgarse la medalla de un récord”, expresó un participante inconforme.

    Ruptura de las formaciones y autenticidad en riesgo

    Tradicionalmente, los contingentes desfilan en filas de 8, un orden que da solemnidad y permite un conteo simbólico respetado por generaciones. Sin embargo, este año se les ha ordenado marchar en filas de 5, bajo estricta vigilancia de jueces y cámaras.

    Además, posiblemente se convocó a participantes ajenos a la Cofradía de San Juan Bautista para “inflar” cifras, con la meta de alcanzar 30 mil integrantes, 30% más que en años anteriores, pues en ediciones anteriores se tiene un registro de 20 mil.

    Si bien otros años han participado cofrades de otros municipios donde también se realizan las morismas, este año se espera que el número sea mucho mayor, aunque no tengan participación en las actividades en Lomas de Bracho.

    Para muchos, esto significa alterar la identidad de una celebración que durante 2 siglos ha perdurado por la fuerza de la fe y no por los reflectores mediáticos.

    La voz del Rey Moro

    El cofrade que representa al general Argel Osman, conocido como “El Rey Moro”, fue una de las voces más críticas al denunciar la falta de apoyo para limpiar de vegetación el Cerro de San Martín, donde año con año los participantes forman los símbolos religiosos que forman parte de la escenografía de la festividad.

    Ante la omisión de los organizadores, el tradicional parlamento que se realiza en la cima no podrá celebrarse, obligando al Rey Moro a interactuar con el público a distancia. “Es un golpe doloroso para quienes esperan esta cercanía”, lamentó Osman.

    Devoción contra vanidad política

    Las Morismas de Bracho, que en esta edición cumplen 201 años de historia, son la representación de moros y cristianos más grande de México y un pilar cultural de Zacatecas. No obstante, este 2025, la búsqueda de un récord mundial ha sembrado división y malestar.

    Los devotos que pagan sus mandas descalzos, cargando cruces o soportando largas caminatas, se sienten usados en un espectáculo que prioriza estadísticas sobre espiritualidad

    La interrupción de procesiones y la manipulación de las cifras son vistas como un acto de vanidad política, más que como un verdadero homenaje a San Juan Bautista.

    Así, mientras el gobierno estatal insiste en que la certificación Guinness pondrá a Zacatecas en el mapa cultural del mundo, muchos fieles se preguntan si este domingo no se estará sacrificando la esencia de su tradición más grande.

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