Ver a los niños trabajando en las calles hace pensar en las condiciones familiares que los llevaron a esta situación y sobre su futuro, que muchas veces se anticipa poco prometedor.
Afortunadamente hay una variable que puede hacer la diferencia y llevarlos a un mejor destino: apartarlos del maltrato, de acuerdo con la psicoterapeuta Bárbara Díaz.
Un menor al que se le puede augurar un futuro honesto es José Ramón, de 14 años de edad, quien es el mayor de 4 hijos. Aunque su mamá es de Querétaro y su papá del Distrito Federal él nació en esta entidad.
A diferencia de otros niños y niñas que se dedican a la venta de artículos o a pedir limosna en el centro histórico de la ciudad de Zacatecas, accedió a hablar un poco sobre su situación.
Contó que por necesidad económica ha tenido que trabajar desde pequeño para ayudar a su familia; todos los días se ocupa en la venta de churros y papas, asiste a la escuela en horario vespertino y actualmente cursa el primer año de secundaria.
Amable y desenvuelto, menciona lo cansado que es su trabajo: “Está muy pesado, tenemos que madrugar, hacer las papas, embolsarlas y todo eso”.
Es posible que por sus obligaciones José Ramón no haya podido disfrutar plenamente de su infancia, pero ha de reconocerse que sus padres no han descuidado su formación.
Otro aspecto favorable es que al saber cuánto cuesta ganarse la vida quizá posea un mejor desarrollo de la responsabilidad.
Hay que proteger de abuso a menores trabajadores
La psicoterapeuta Bárbara Díaz menciona la capacidad de “resiliencia” que poseemos todos los seres humanos para salir “sanos y salvos” emocional, mental y hasta físicamente de cualquier experiencia traumática.
“Solo que se necesita para esto que haya habido aunque sea en los primeros 5 o 6 años de vida buenos tratos por parte del adulto hacia el niño. Si hubo buenos tratos en esta etapa de la vida y, por algo, a los 6 años el niño o la niña son marginados, lanzados al trabajo, etcétera, se tiene la capacidad de evitar tendencias a la delincuencia, al bajo control de impulsos y al enojo con la sociedad”, subraya.

La especialista menciona que se trunca una etapa de desarrollo y la personalidad no se define cuando no se tienen buenos tratos hacia el infante, situación que provoca “niños adultos o adultitos por así decirlo”.
El riesgo de estos desajustes es que los niños y niñas pueden llegar a ser “personas ariscas, personas enojadas que sienten que la sociedad les debe algo o les hizo algo y se los tiene que pagar”.
Cuando se trunca el derecho de disfrutar de la infancia se ven trastornos de personalidad como trastornos limítrofes, bipolaridad y todo lo que tenga que ver con trastornos del estado de ánimo.
Daños en el desarrollo los llevan la delincuencia
Babara Díaz señala que con el maltrato puede dañarse el desarrollo neuronal, por lo cual no hay una capacidad de raciocinio o entendimiento en el sentido de “qué es útil, qué es bueno, qué es malo para mí”.
“Van aplicando la ley de ‘me la hace, me la paga’. Por eso es que hay muchos niños y jovencitos dentro de la delincuencia organizada, por el mismo bajo control de impulsos, por el mismo coraje hacia la sociedad, porque algo vivieron dentro de la familia se crean estos vacíos y estos rencores, lo cual puede dar como resultado que se limite la vida física de nuestros jóvenes”, añade.
Por eso hay muchachitos que son asesinados a los 15 o 16 años o que asesinan a esa edad, que su libertad se ve truncada al ser detenidos o simplemente al estar en estos grupos no son libres, porque están bajo las órdenes de alguien igual de enojado que ellos, solo que más adulto, comenta la psicoterapeuta.
Como sociedad es nuestra responsabilidad estar al pendiente de los niños, niñas y adolecentes que realizan trabajos marginales, pues “ellos requieren que les demos un buen trato porque en ocasiones carecen del apoyo paternal”, recomienda Bárbara Díaz.
FOTOS: IRMA MEJÍA Y ARCHIVO
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