Sorpresa, expectación, curiosidad y morbo fue lo que brindaron “Las Cajas Voyeuristas”, presentada por La Biznaga Teatro en la Plaza Bicentenario, como parte del 9° Festival Internacional de Teatro de Calle.
Los miembros que conforman la agrupación brindaron momentos de asombro, desconcierto, extrañeza y admiración a los transeúntes de la calle Ventura Salazar que se topaban con las dos cajas de madera, en las que solo se leía la palabra “frágil”.
Dichas cajas de 1.22 x 2.44 metros realizaron un recorrido por la Plaza, para colocarse finalmente en la calle mencionada, lo que despertó la curiosidad de quienes caminaban por allí. A través de pequeños orificios de diversos tamaños, las personas podían asomarse y observar cuatro historias desarrolladas diferentes.
La primera fue la de dos mujeres que cantaban un tema de despecho hacia los hombres; en el pequeño espacio, las protagonistas se encontraban vestidas en paños menores y simulaban haber terminado de ducharse con una tina de agua que tenían a su alcance.
Conforme avanzaba la historia, las actrices se vestían y arreglaban poco a poco, mientras detallaban la mísera vida que tenían que sufrir con apaches, indios, cristianos, regentes, el destacamento de los carrancistas, de Pancho Villa y los esposos que las maltrataban y golpeaban.
Enseguida abordaron la caja otras dos mujeres, una vestida de generala y otra de vedette, que personificaban a trabajadoras del teatro de revista, a las que encerraron por hablar del gobierno, de política, y sobre todo por atacar al régimen de Victoriano Huerta.
Hablaron de personajes como Porfirio Díaz, Pancho Villa y Emiliano Zapata, así como de la prostitución y la moral que se vivía en la sociedad de aquella época.
Después, Pancho Villa, en compañía de una mujer, asaltó la caja y narró a la audiencia el odio y el hambre que vivió desde pequeño y que lo llevó a convertirse en un ser vengativo contra el poder: robar a los ricos para dárselo a los pobres.
Mientras tanto la mujer le recriminaba violaciones, ultrajes, matanzas, robos al pormayor y sus posteriores ansias de poder; le habló las 29 mujeres que tuvo durante su vida, y sus 28 hijos, sus estancias en prisión, de su madre, Doña María Micaela Arámbula y de lo guapo y querendón que era con las damas.
La última historia fue la de Porfirio Díaz, quien se hacía acompañar de un indígena que le hacía ver su suerte al recordarle los ideales por los que luchó y perdió durante su larga dictadura.
Hablaron de las elecciones que muchas veces acomodó para su beneficio, de sus abusos de poder, de Lerdo de Tejada, de sus ideales por servir a la Patria, de su tiranía, de la represión a la libertad de expresión y de la corrupción que imperó de 1876 a 1911.
Comentaron también sobre los anhelos de crear un país más próspero, rico y brillante, a través de las vías férreas que construyó; de la educación que quiso implementar y de la construcción de Bellas Artes.
Se narraron historias de sus matrimonios, en especial el que tuvo con su sobrina de 16 años, de la religión y de todas las traiciones que cometió para preservarse en el poder.
El público quedó plenamente complacido de escuchar y ver, a través de pequeños relatos y representaciones, acontecimientos históricos de nuestro país a partir del simple hecho de toparse con las cajas.
FOTOS: CORTESÍA




