Las fuerzas armadas de Estados Unidos llegaron y aportaron de inmediato algo de alivio, al tomar el control del aeropuerto y colaborar en la coordinación de vuelos que ingresan con asistencia y evacuan a extranjeros y lesionados.
Las cuadrillas de médicos, en tanto, instalaron hospitales provisionales, los trabajadores empezaron a retirar los cadáveres de las calles y el agua era distribuida en algunas zonas de la capital, Puerto Príncipe.
Pero la tarea es enorme ante la devastación causada en Haití el martes por el terremoto de magnitud 7.
Los trabajadores y las autoridades asistenciales advirtieron que solamente con la entrega rápida de ayuda a la gente podrá impedirse que Puerto Príncipe caiga en la anarquía.
En la ciudad hubo informaciones de saqueos aislados. Grupos de jóvenes deambularon por el centro con machetes, y un hombre que fue atacado a tiros por asaltantes quedó abandonado muerto en la calle. Los sobrevivientes también pelean entre ellos por los alimentos que son encontrados entre las ruinas de casas y edificios.
«Tengo la sensación de que si la situación no es superada muy pronto, degenerará en caos», consideró Steve Matthews, un veterano socorrista de la organización cristiana de ayuda World Vision.
El tiempo también se agota para rescatar a quienes pudieran seguir atrapados vivos en los numerosos inmuebles de Puerto Príncipe que se derrumbaron por el temblor.
«Tres o cuatro días más sin agua, (y) habrá gente muy enferma», alertó el médico Michael VanRooyen de la organización Harvard Humanitarian Initiative en Boston. «Unos tres días permitirían ver a la gente que comienza a sucumbir».
Un equipo de la televisión australiana retiró el viernes a una bebé de 16 meses de los restos de su casa, cuando habían transcurrido unas 68 horas desde el sismo, en uno de varios casos similares registrados desde el jueves.
«Pude ver un cadáver que estaba allí, como arriba de un armario; pude oír a la bebé gritando a un lado del cuerpo», relató el dominicano David Celestino, que estaba trabajando con el equipo de televisión.
Aunque sus padres murieron, Winnie Tilin sobrevivió con algunos rasguños, y de pronto ya estaba en los brazos de su tío, cuya esposa embarazada también falleció.
«Tengo que considerarla como mi bebé porque el mío murió», dijo Frantz Tilin a The Associated Press.
Mientras la temperatura llegaba a más de 20 grados Celsius (80 Fahrenheit), el hedor nauseabundo de los cadáveres pululaba en Puerto Príncipe, donde incontables cuerpos yacían en las calles sin que nadie los reclamara. Centenares de cadáveres hinchados fueron amontonados frente a la morgue de la ciudad, mientras miembros de muertos sobresalían de escuelas y casas aplastadas.
En un cementerio en la periferia de la capital, decenas de cadáveres transportados en camiones eran precipitados hacia el fondo de una fosa común. En otros lados, algunas personas arrastraban por un camino una caja llena de cadáveres, luego la levantaban con una pala mecánica y la colocaban en un enorme recipiente metálico de basura. En el sur de la capital, más de 2.000 cuerpos fueron quemados por trabajadores en un basurero.
La Cruz Roja estima que entre 45.000 y 50.000 personas murieron en el sismo. Una tercera parte de los nueve millones de habitantes de Haití podrían necesitar ayuda y hasta el 50% de los edificios en la capital estaban dañados o destruidos, según Naciones Unidas.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, dijo que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) proporcionaba galletas nutritivas y alimentos listos para consumir para unas 8.000 personas «varias veces al día».
«Obviamente esto es muy poco ante las gigantescas necesidades, pero la agencia ampliará la entrega de alimentos a un millón de personas en los próximos 15 días y a dos millones dentro de un mes», indicó.
La secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton dijo que el sábado viajará a Haití para inspeccionar los daños y reunirse con el presidente Rene Preval y otros funcionarios. Clinton _que será acompañada por el administrador de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Rajiv Shah_ dijo que quiere transmitir «nuestro inquebrantable apoyo de largo plazo, nuestra solidaridad y nuestro pésame».
Por su parte el presidente Barack Obama emitió su cuarto mensaje en tres días sobre el desastre. «Habrá muchos días difíciles», dijo luego de conversar por teléfono con Preval y anunciar un rápido incremento en el envío de agua y otros elementos muy necesitados en Haití.
El esfuerzo para obtener ayuda para las víctimas se ha visto limitado por las carreteras en mal estado, la congestión en el aeropuerto y la falta de equipo.
Los integrantes de las fuerzas de paz que patrullaban la capital dijeron que el descontento entre la población va en aumento y advirtieron a los convoyes de ayuda que aumenten las medidas de seguridad contra los saqueos.
«Imaginen ustedes a la gente que no come ni bebe desde hace casi 50 horas y son muy pobres, si ven un camión con algo… o si ven un supermercado derrumbado, van a correr para conseguir algo de comer», dijo vocera de la ONU en asuntos humanitarios Elisabeth Byrs desde Ginebra.
Tom Osbeck, un misionero de Indiana cuyo ministerio protestante en Haití dirige una escuela en el norte de Puerto Príncipe, coincidió con esa noción.
«Incluso distribuir comida o agua es muy peligroso, la gente está desesperada y pelearía a muerte por un vaso con agua», dijo Osbeck.
Las tiendas de alimentos fueron saqueadas completamente después del terremoto, según Emilia Casella que es vocera del PMA en Ginebra. Agregó que el PMA comenzará a distribuir 6.000 toneladas de comida que fueron recuperadas de una bodega en el barrio marginal Cite Soleil en la capital.
El titular de la ONU fue consultado sobre el temor a que la frustración se convierta en violencia y respondió que la fuerzas de paz del organismo colaboran con la policía haitiana y «se están encargando de la ley y el orden en la ciudad».
«Me imagino que habrá cierta frustración entre la población en general», admitió. «Nos preocupa mucho este tipo de posibilidad y tomamos todas las medidas precautorias posibles. Creo que hasta ahora no hemos visto problemas mayores».
El ejército de Estados Unidos instaló a varios cientos de efectivos en territorio haitiano, incluyendo a más de 100 militares de la 82da División Aérotransportada. Al mismo tiempo, cientos de marineros desembarcaron del portaaviones USS Carl Vinson que llegó a la costa de Puerto Príncipe.
En cuestión de horas, la 82da División empezó a repartir alimentos, agua y suministros médicos frente al aeropuerto, mientras un helicóptero repartía agua y otro helicóptero era usado para buscar zonas donde descargar suministros en la capital. Los soldados indicaron que esperaban más víveres para el viernes.
Por su parte el gobierno cubano informó que había permitido que los aviones estadounidenses vuelen por su espacio aéreo para transportar a los heridos de Haití y con esa autorización se acortaron 90 minutos los viajes aéreos de asistencia médica a Miami.
En el aeropuerto de Puerto Príncipe, numerosos extranjeros agitaban sus pasaportes ante los guardias con la intención de escapar del caos y abordar los vuelos que salían de Haití.
«La gente llora, la gente se muere», dijo Muriel Sinai, de 38 años, una enfermera de Orlando, Florida.
Unos 250 estadounidenses fueron trasladados a la Base Aérea McGuire de Nueva Jersey en tres aviones militares. Las fuerzas estadounidenses, en control del aeropuerto, impidieron en un principio que los franceses y los canadienses abordaran los aviones, incluso aunque una nave militar francesa estaba parada esperándolos. Los estadounidenses terminaron por levantar su restricción después de que autoridades francesas y canadienses protestaron.
El Departamento de Estado dijo que la cifra de estadounidenses muertos era de seis, pero consideró que podría aumentar.
Ante la destrucción de los hospitales haitianos, más de 3.000 heridos han sido atendidos en República Dominicana, incluyendo al presidente del Senado, Kelly Bastien. Un hospital fronterizo en Jimani estaba completamente lleno de heridos mientras que un centro de atención para traumatismos en Santo Domingo pedía donaciones de sangre para satisfacer la demanda.
En Puerto Príncipe, unas 100 personas murieron mientras esperaban atención en las oficinas de Médicos Sin Fronteras, dijo el director de la misión, Stefano Zannini, en declaraciones telefónicas.
En medio de la desgracia había algunas buenas noticias. Un grupo de médicos logró realizar una complicada operación cesárea, dijo Zannini. «Me da mucho orgullo decirles que pudimos salvar la vida del bebé y de la madre».
(Con información de AP)



