Miércoles 21 Octubre 2020

A escena, El Marido Jugador y la Esposa Hipocritona

Nada nuevo hay bajo el sol, es lo que parecen decirnos las grandes creaciones operísticas; los vicios humanos han sido, son y serán siempre los mismos, sin embargo, de igual manera sucede con las virtudes y los nobles sentimientos, en especial el mayor de ellos: El amor, que todo lo vence.

Lo anterior lo vimos en la divertida ópera “El Marido Jugador y la Esposa Hipocritona”, de Giuseppe María Orlandini, y llevada magistralmente al escenario que brinda el auditorio del museo Manuel Felguérez, por la Capilla Barroca de Zacatecas, que dirige Sonia Medrano.

La presentación de la obra resultó todo un reto para los integrantes de la Capilla, ya que la naturaleza del espacio es precisamente esa, la de un auditorio, muy distinta a la de un teatro, que ofrece la infraestructura necesaria para el más óptimo y cómodo desempeño del artista.

Sin embargo, los actores sacaron la casta de su prestigiado profesionalismo y ofrecieron un espectáculo de primerísimo nivel, “de esos que se ven muy, muy poco en nuestro país”, como nos lo comentó Carlos Hinojosa Franco en entrevista.

La obra nos remonta a la Italia barroca, y se enfoca en la pareja conformada por Bacocco y Serpilla, el primero, un borracho, jugador y mujeriego, “de los que sería muy raro encontrar en México”, nos comenta en tono bromista el Tenor Carlos Hinojosa.

Y Serpilla, la mujer “mustia y mosquita muerta”, como nos dijo Sonia Medrano en el mismo tono afable de la plática; una de esas relaciones que, al parecer, se dan desde el origen de la humanidad.

Harta de la mala vida que Bacocco le da, Serpilla opta por demandarlo y pedir el divorcio, nunca contó con que el marido se entera de sus intenciones y se le adelanta.

El vivales, disfrazado de juez, escucha toda la hipocresía y calificativos que hace su esposa de él, pero este tiene que morderse los labios; en seguida, el supuesto juez le dice que le ayuda a divorciarse si ella acepta ser su amante.

Serpilla acepta y en ese momento el esposo se despoja del disfraz, para dejarla al descubierto.

Bacocco le exige el divorcio y la echa de su casa, Serpilla, hundida en la miseria y desesperación, mendiga por las calles.

Cierta tarde se topa con su exmarido y comienzan a discutir; tras recriminarse las malas acciones que se hicieron el uno a la otra y viceversa, llegan a la conclusión de que su amor está por encima de todo, y que les brinda, además, la capacidad de perdonarse.

Ellos se reconcilian y elevan sus plegarias por las alegrías venideras.

El fino humor que despliega la obra, realizada en tres intermezzi, provocó las carcajadas de los presentes en varias ocasiones, a ello, es importante mencionar, se sumó la subtitulación de los diálogos, que nos permitió comprender aun más la obra, este trabajo estuvo a cargo de Irma del Río.

El vestuario y el maquillaje también son dos aspectos dignos de resaltar, éste último corrió a cargo de Pepe Rábago; en la tramoya apoyaron Rubén M. y Víctor Lózano, y la iluminación estuvo a cargo de de Mario Gutiérrez.


  

  

FOTOS: CORTESÍA