Sábado 24 Octubre 2020

Júbilo y Delirio: expresiones de la frontera. Última parte

frontera-1Última parte: Ya lo pasado, pasado

Bienvenidos. Con cada semana viene un nuevo episodio. Relatos que  describen andamiajes construidos lentamente, en el transcurrir de días pesados. A veces describen días fugaces, rápidos.

Anteriormente en Testimonios de la Frontera fue ocasión para conocer la habilidad creativa y musical de Hiram Santiago, nuestro testimonio, así como su percepción, a muy grandes rasgos, sobre las costumbres y los gustos estéticos de los migrantes.

Vislumbramos apenas un atisbo vertebral de la música fronteriza que pocas veces convoca al gusto popular del centro del país, más bien adaptada en los corridos y la música norteña.

Celebramos su cumpleaños 29 como quien celebra a la familia y nos acercamos más al diálogo entre individuos. Hoy presentamos la cuarta y última parte de este testimonio. Pero como siempre, es parte de una tremenda trama: la migración.

De regreso, contra la presecución en EU
- Pasé la línea fronteriza. La crucé. Hice mi familia. Tuve mi pareja y a mi hija. Dejé Aguascalientes y México siendo humilde. Ya lo pasado, pasado, ya fue, -recuerda Hiram Santiago.

- ¿Cuándo llegaste a Estados Unidos? -pregunté.

- Éramos pobres. Mi primera infancia la recuerdo. Incluso, en Aguascalientes nos pasábamos los zapatos entre vecinos. Todos andábamos con chanclas rotas, jugando futbol, pero nadie se impactaba, todos éramos parte de eso. Después mi mamá conoció a mi papá. Él estaba perdido en la ciudad y ella le dio un norte, como si fuera un perrito perdido. No duró mucho esa época, al poco tiempo emigramos.

Pasé a San Diego, por Tijuana. Me hice el dormido. La camioneta en que viajábamos estaba tripulada prácticamente por gringos, mi mamá pasó después de mí. Con Coyote, a domicilio. Mi papá me dijo  ‘Hazte el dormido, yo hablaré por ti, diré que eres mi hijo’. Al llegar a la garita mi papá me hizo la señal y simulé el reposo. Al pasar volteé y vi como dejábamos México, sentí nostalgia. No creí que fuera tan rápido dejarlo todo, alejarse tan fácilmente de la tierra que vio nacer a uno. Pasamos a San Diego por un helado y entonces, de la mano de mi papá, nadie me veía raro, nadie me señalaba como creí que sería. Compramos uno de fresa que comí rápidamente, y todo era como si nada. Lo demás que recuerdo es entrar a la primaria y empezar a hablar inglés, -relató.

- ¿Cómo es que llegaste a México posteriormente?

- Allá me casé y tuve frontera-2a mi hija, Rosalba. Pronto la veré, su madre sí tiene papeles y se quedará allá. Está bien, estamos separados y esa es su decisión. Mira, hay sectores donde la policía está al acecho. Les dieron poder y no temen ejercerlo, buscan de donde agarrar y si te encuentran, vas pa´ fuera.

Cuando dejé de trabajar en las motocicletas en Orange County tuve muchos problemas para encontrar trabajo. Mi papá falleció y mi madre estaba acá en México. De pronto las condiciones se pusieron más difíciles. Supe que las leyes se reformaron. No te miento. Por primera vez en toda mi vida sentí que corría peligro de ser deportado.

Antes, cuando niño, no pasaba nada porque la gente me veía con mi padre, auténtico norteamericano. Ahora no, estaba solo, desempleado y poco faltaba para que cayera en serios problemas económicos. No me iba a arriesgar. Te confieso que siempre sentí que iba a regresar acá.

- ¿Te deportaron?

- No. Nunca. Yo regresé solo. Ese país me perseguía como a muchos de los mexicanos que estuvimos allá. También me dio trabajo y escuela. Me dio muchas cosas, pero no dejaré que me persigan. Yo regresé solo.

Ese día que te encontré en el Parque de Los Mariachis, cerca de la garita. Pasé por la línea, de regreso. Un agente me preguntó. ‘Ey, are you sad? Don´t be. You´re going to your own Country’ (¿Estás triste? No te pongas así, vas a tu propio país).

Pensaban que estaba triste. Pero no. Le respondí: ‘No me corres. Yo me voy. Acá no damos tanta patada’. No me entendió. No lo ofendí, pero le hice ver que no estaba triste por dejar su país. Como José José: Ya lo pasado, pasado. Se quedó serio. Supo que tenía más valor moral que él.

Cuando crucé la garita vi a mi hermano y a mi madre. Caminamos un poco y al poco rato te vi. Estabas con tu cámara. Quería celebrar, por eso te pedí que nos tomaras las fotos con mi cámara. Por eso mismo acepté participar contigo en tus testimonios-, explicó.

fronteraTrazos premeditados
Al despedirme, Santiago recordó un compromiso que adquirió anteriormente conmigo. Dijo que me haría un regalo.

- Este fue mi primer intento con el óleo. Unas flores que carecen de técnica, pero que me gustan mucho. Te lo regalo.

Le agradecí el obsequio. También me gustó mucho el óleo. Al verlo, siento que esos trazos son premeditados, esas flores amarillas sobre la manta guinda, son, de algún modo, el trazo que acompaña este testimonio. Un singular caso como muchos en la galería fronteriza, que suele ser desaliñada, dispareja o caótica, pero que estalla en sí misma.

Enmarqué el cuadro que se posa libremente sobre el muro de mi sala, exactamente al costado de aquél tríptico que compré al hombre que sería la voz que ahora conocemos: Hiram Santiago Cortés Palacios, nuestro Testimonio de la Frontera.

Júbilo y Delirio: expresiones de la frontera. Parte I

Parte II.- Miradas a cuadro

Parte III: El artista multidisciplinario

 

FOTOS: JONATHAN GONZÁLEZ

* Jonathan Conetl González es egresado de la Licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Aunque es zacatecano actualmente vive en Mexicali donde realiza una investigación sobre el fenómeno migratorio. Terminó su primer libro de cuentos 'Palabras en primera persona' y el cuadernillo de poemas 'Distancias interiores'.