Lunes 10 Agosto 2020

Reflexiones sobre el voto

El próximo domingo se entrará en otra etapa del proceso electoral mediante el cual saldrán electas la Legislatura, las Presidencias Municipales y el titular del Ejecutivo en el Estado, por medio del sufragio universal ciudadano, que ha de expresar, de manera individual y por medio del voto libre y directo, quiénes serán "los representantes" en dichas áreas.

Según el Diccionario Jurídico Mexicano (Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM), "...la ciudadanía debe votar en las consultaciones electorales porque, de lo contrario, estará negando la conquista de uno de los más significativos derechos, porque al hacerlo, el ciudadano además de escoger un programa político a través del cual desea que se gobierne al país, refrenda, confirma y actualiza su decisión de que la democracia sea la norma básica de gobierno.

"No votar significa menosprecio por los derechos ciudadanos, preferencia por otras formas de gobierno y oposición al fortalecimiento democrático que procuran los actos que configuran el proceso de reforma política".

Allí están resumidas, pues, las posturas que nos invitan a ejercer el voto, tan conocidas por todo el mundo y tan aceptadas, que hemos llegado al grado de que votar se haya convertido más que en una obligación o facultad, en una necesidad que hay que satisfacer para santificar "lo menos pior".

Sin embargo, hay otras voces que llaman a cuestionar los cimientos mismos de la idea de que el sufragio, en la actualidad, es la única vía de defensa contra la tiranía e, incluso, cuestionan que sea válida en el intento de derrocarla.

El voto como "mecanismo religioso"
Giorgio Agamben, en su texto 'Elogio de la Profanación', nos aclara la importancia de identificar los mecanismos mediante los cuales alimentamos la tiranía, el poder irracional.

"Es posible definir la religión como aquello que sustrae cosas, lugares, animales o personas del uso común, y los transfiere a una esfera separada. El término religión no deriva de religare (lo que liga y une lo humano y lo divino), sino de relegere, que indica la actitud de escrúpulo y atención que es preciso observar para respetar la separación entre lo sagrado (lo que pertenece a los dioses) y lo profano (aquello que es restituido al uso de la humanidad)".

Para que quede más claro el mecanismo del voto como un mecanismo religioso, es preciso distinguir entre secularización y profanación.

La secularización deja intactas las fuerzas, solamente las mueve de un lugar a otro; así, en política, se trasladó la monarquía celeste a la monarquía terrenal, pero se dejó intacto el poder.

Profanar, en cambio, implica neutralizar aquello que se profana; "una vez profanado, lo que era indisponible y separado pierde su aura y es restituido al uso.

Ambas son operaciones políticas: pero la primera tiene que ver con el ejercicio del poder, garantizándolo mediante la referencia a un modelo sagrado; la segunda, desactiva los dispositivos del poder y restituye al uso común los espacios que el poder había confiscado."

El voto hace que "los elegidos" se rodeen de un aura sagrada; es un mecanismo que separa no solo a las personas como tales del contacto con lo humano, sino que hace intocables las instituciones y el ejercicio diario del poder, como capacidad para hacer, para el común de la gente.

No votar, en estos momentos, para mí, es un ejercicio que tiene una función liberadora y no al contrario. Desmantelar los mecanismos que nos mantienen atados a este entorno es ir en búsqueda de una nueva felicidad.

El "voto como necesidad"
Iván Illich, en su texto 'Opciones fuera de la Economía: para una historia del desecho', nos hace una develación muy precisa para nuestro tiempo.

"Desde 1960, la necesidad es objeto de aprendizaje. Su enseñanza se volvió cada vez más importante. Los médicos ya no se limitan a definir las necesidades de los pacientes. Asumen el deber de educarlos. El paciente debe reconocer como suyas las necesidades que le diagnostican.

"Igualmente, los trabajadores sociales ya no se conforman con administrar las necesidades de su clientela. Están formados para volverla consciente de estas necesidades y recomendarle que las transforme en reivindicaciones. Al pasar de la imputación y de la administración de la satisfacción a la encarnación experimentada de las necesidades, los profesionales de los servicios tratan de ponerse a la cabeza en el camino de un Edén del condicionamiento".

Así, cada vez más, los seres humanos nos definimos en términos de necesidades insatisfechas.

"Una situación del mismo tipo se instala con la significación que hoy se atribuye a la igualdad, definición basada en la óptica de la carencia. En el centro del discurso de las necesidades, la igualdad entre los hombres se ancla en la certeza de la identidad entre las necesidades fundamentales de todos los pueblos. No somos más iguales en razón de dignidad y de valor intrínsecos de cada persona, sino en razón de la legitimidad del derecho de que se nos reconozca la carencia".

El derecho al voto reivindica, en la actualidad, la idea de que carecemos de capacidad democrática y organizativa, y que necesitamos profesionales que nos guíen por el camino de la satisfacción de esas necesidades, separando cada vez la tecnocracia de la población; cada una con sus reales intereses.

Allí dos ideas que, aunque resumidas al límite, por cuestión de espacio, pretendo que ayuden a reflexionar sobre nuestro actuar el próximo domingo.

*Estudiante de Derecho y miembro de #YoSoy132
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