Martes 22 Septiembre 2020

Lo que queda en el olvido

Ivan Illich resumió su continua crítica al desarrollo económico de la manera siguiente (palabras más, palabras menos): el desarrollo económico priva a las personas de los medios de subsistencia y vuelve escasos los satisfactores de necesidades.

En palabras de Don Roberto, miembro de la resistencia de Salaverna, antes de que llegara "la mina", las personas que fueron llevadas al "Nuevo Salaverna", podían cortar nopalitos, sacar aguamiel, tener sus pollos y gallinas y otros "animalitos", su "milpita"; "de hambre no nos moríamos". Ahora ni milpa, ni pollo, ni nopales. Además, tampoco tienen trabajo, ni dinero.

Los ideólogos, científicos y políticos de oficio, pagados por la Minera Frisco- Tayahua, propiedad de Carlos Slim, tratan de convencer a la resistencia de Salaverna diciéndoles que toda oposición al desarrollo es retrógrada. Cuauhtémoc, otro compa de por allá, nos dice que retrógrada es no tener que comer; "cuando ustedes no estaban yo tragaba", les responde.

Y así es como tod@s aquell@s que nos oponemos al desarrollo económico somos tildados de primitivistas, retrógradas, utopistas, soñadores, incomprendid@s o inmadur@s.

Siempre hay un nuevo adjetivo y siempre hay quien esté dispuest@ a usarlo. Y ahora, en tiempos de elecciones sobrarán apelativos, porque la consigna es la siguiente: desarrollar zacatecas.

El desarrollo es una estrategia que consiste en dotar a las sociedades de infraestructura como hospitales, escuelas o carreteras, en enseñar a "l@s más apt@s" a manejar dicha infraestructura y en hacer que la gran mayoría dependa de ella. Como dice Víctor M. Toledo (La Jornada, 26/04/2016), "El ojo tecnocrático busca siempre proyectos gigantes, centralizadores y técnicamente sofisticados (solo controlados por "expertos") bajo el control corporativo o estatal."

Tiene que comprenderse que las personas que nos oponemos a la visión desarrollista no estamos abogando por regresar a la época de las cavernas. Octavio Paz nos dejó muy claro (Rebeldes, Reformistas y Revoltosos), que las personas reformistas y las revolucionarias tienen algo en común: "Los dos son intelectuales, los dos creen en el progreso", por lo tanto, es impensable que rechacemos a la técnica y a la tecnología. Lo que rechazamos es la carga ideológica que se le imprime.

Víctor M. Toledo, en el artículo ya citado, asegura que "Desde la óptica de la ecología política (...) poco a poco se va delineando una suerte de 'guerra estelar' entre el Capital y el Estado de una parte, y la Humanidad y la Naturaleza de la otra.

Se trata de una batalla no solo entre explotadores y explotados, sino entre los que calientan el planeta y entre los que lo enfrían; entre el suicidio y la supervivencia".

Coincido cuando nos dice que la única salida a esta guerra es la construcción de poder popular (vuelvo a los contrapoderes de Villoro), "(...) proceso que comienza con la defensa de los territorios y sigue con el control y la emancipación. Este proceso de liberación implica conciencia, organización ciudadana, defensa jurídica, autogobierno y autogestión. Pero también tecnología."

No se trata de cualquier clase de tecnología; el articulista habla de 7 características que debe tener la tecnología emancipadora:

  1. Satisface necesidades humanas básicas
  2. Es de bajo costo
  3. Es de pequeña escala (insisto en las energías -no sólo sociales- controlables por la comunidad)
  4. Induce a la autosuficiencia (la subsistencia)
  5. Descentraliza (horizontaliza las relaciones)
  6. Crea contrapoderes (que no imponen, sino proponen)
  7. Trabaja en armonía con la naturaleza (visión ecológica distinta: la ciencia no domina la naturaleza, sino que trata de "superar" nuestras carencias como humanidad).

Un ejemplo sorprendente nos lo da el mismo articulista: "(...) la unión de cooperativas indígenas Tosepan Titataniske (unidos venceremos, en náhuatl) lleva construidas más de 10 mil 500 casas ecológicas en la Sierra Norte de Puebla, mediante financiamiento de su propio 'banco del pueblo', el cual alcanza 30 mil socios y sigue creciendo".

Las casas ecológicas "producen" su propia electricidad, captan agua del ambiente y la almacenan, "producen" alimentos según en la medida de sus posibilidades, cuentan con lámparas ahorradoras, con estufas mejoradas, con calentadores solares, con biodigestores, etc.

Salaverna y otros territorios víctimas de la megaminería trasnacional son víctimas también de los Estados, de intereses geopolíticos mayores. Que no se les olvide, que no quede en el olvido que el desarrollo no es la única salida que tenemos como humanidad ante las violencias, las pobrezas y todo tipo de desigualdades.

Mirar al horizonte resulta mucho más cómodo y seguro que mirar hacia arriba, lamentablemente nos tienen acostumbrados a la ceguera, al miedo que genera la lejanía de las alturas.

El sábado 30 de abril, a las 10 de la mañana, partirá un autobús de la Plaza Bicentenario rumbo a Salaverna; repleto de compas comprometid@s que buscan escuchar y ser escuchad@s. Este es el primer paso para consolidar lo que podría denominarse Unión de Pueblos Mineros y Contra el Despojo de Zacatecas, o bien, de otra manera. L@s invitamos a asistir.

Informes: 492 100 90 44 con el compa Eduardo Goitia.

*Estudiante de Derecho y miembro de #YoSoy132
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