Lunes 28 Septiembre 2020

13N y la cumbre del poder

Desde el 13N (día de los “atentados terroristas” en Francia perpetrados por el Estado Islámico), he tenido la espinita de escribir estas líneas:

Días después de los atentados, el analista internacional Alfredo Jalife Ramos declaraba que, para él, los atentados del día 13 de noviembre cumplían con todos los requisitos para ser considerados el nuevo 11S, es decir, a todas luces, para el analista, la derecha radical de la Unión Europea, en particular de Francia y en contubernio con sectores sociales rancios encumbrados en el poder estatal francés, habían planeado y llevado a cabo los atentados como causas justificativas de una invasión a Medio Oriente, como sucedió en su momento con los ataques terroristas en Estados Unidos, para apoderarse de recursos naturales de la misma región.

Ya hacía varias semanas anteriores al “ataque” que los Europeos mantenían un airado debate sobre las políticas migratorias, debido a la masiva llegada de seres humanos provenientes sobre todo de Siria a esa zona. Con este debate hecho global por las cúpulas del poder se vinieron generando también políticas de xenofobia y nacionalismo extremas, que culminaron en manifestaciones populares en contra de los migrantes y en los atentados del 13N.

Varios actores, entre ellos el presidente ruso, venían señalando a Estados Unidos y a otros Estados, incluso europeos, no sólo como patrocinadores, sino como creadores del Estado Islámico, y muchos analistas han apuntado la doble moral de los Estados (todos) en su lucha contra el “terrorismo”, cuando son ellos mismos los que les proporcionan muchas de las armas y los recursos económicos. Es decir, que las cúpulas estatales han venido promoviendo estas acciones terroristas.

Pareciera un absurdo: el Estado tiene entre sus finalidades, la más importante de todas (teóricamente, claro), la del bienestar de la mayoría de sus miembros. Los seres humanos nos hemos asociado en instituciones estatales con la finalidad de “vivir mejor”, por lo que pareciera increíble lo que se asegura arriba. Pero también hemos sido testigos de cómo poderes fácticos han hecho evidente la influencia que tienen sobre los poderes instituidos (los Estados) para lograr con estas complejas herramientas el dominio de la mayoría en beneficio de unos cuantos.

Los debates sobre migración derivados en políticas nacionalistas y xenofóbicas, así como en los atentados terroristas del 13N, provienen de un acuerdo ya evidenciado y advertido por Sergio González Rodríguez en Campo de Guerra (editorial Anagrama, 2014), llamado Proyecto Europa 2030 y publicado en 2010, el cual está motivado porque en los próximos 20 años “no sólo habrá varios polos de poder, sino que el centro de gravedad del mundo se habrá desplazado también: hacia Asia y el Sur del planeta, hacia unos nuevos actores públicos y privados, y hacia arriba, hacia las transnacionales”. A lo anterior, señala González Rodríguez, se añade la sostenibilidad ambiental… la racionalidad demográfica y UNA POLÍTICA EFICAZ DE INMIGRACIÓN. “Alude también al control de los desplazamientos humanos y la seguridad interior y exterior”. El proyecto implica una consigna para nosotr@s conocida: Europa para los Europeos.

Por su parte Estados Unidos proyecta, para 2060, una política más belicista que la Europea, y admite conflictos con Potencias como Rusia y China: el Plan Joint Vision 2020.

Y bien, se llevó a cabo allá mismo, en París, Francia, entre un enorme dispositivo de seguridad, en días pasados, otra Cumbre Internacional sobre Medio Ambiente, donde, según palabras de Peña Nieto, los líderes mundiales tomarían un acuerdo sobre cómo deberán ser las sociedades en un futuro próximo y cómo habrán de convivir entre ellas y con el medio ambiente. Porque, como sabrán: “el terrorismo y el cambio climático son los nuevos retos de la humanidad”. En este punto, yo no sé si Peña sea el Heraldo del Cinismo o de la Estupidez. Algo hay de ambos.

Pero, yo no sé nosotros qué seamos. Ante semejantes sucesos y ante tamañas actitudes tomadas desde el poder la mayoría de las veces uno se desanima.

La guerra en Medio Oriente quizá nos parezca lejana, pero no podemos hablar de tiempos de paz cuando una sola cultura re-quiere globalizarse. La paz requiere del respeto de otras culturas y el diálogo constante entre ellas, no una decisión de cúpulas que decidan “cómo queremos ser y cuándo”.

*Estudiante de Derecho y miembro de #YoSoy132
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Necesita activar JavaScript para visualizarla.