Martes 27 Octubre 2020

Morena: la hora de repensar el camino

A l@s moren@s, en solidaridad.

Recuerdo que cuando se planteó, allá en el Distrito Federal, el trabajo para que el Movimiento Regeneración Nacional se convirtiera en partido político, en el movimiento #YoSoy132, por lo menos en Zacatecas, hubo una escisión.

Por un lado el grupo que argumentaba que la participación hacia el cambio de la sociedad debía de colocar sus miras en la conquista del poder y en la activación y democratización de los beneficios que otrora otorgó el Estado; y, por el otro, las y los que argumentamos que esa no era la única salida y que creíamos (y creemos aún, férreamente), que la participación es efectiva tan sólo en la medida en que no se separe de los quehaceres cotidianos, es decir, que el cambio se haga aquí y ahora.

Cabe decir que ambas posturas, con sus limitantes, son respetables; de verdad admiro mucho el tesón con el que compañeros y compañeras se levantan a diario para cumplir con la tarea que se proponen como correcta en la búsqueda una justicia generalizada.

Pero también es necesario que aclare que cada día estoy más convencido de que hacer más de lo mismo nos traerá los mismos resultados, y que prefiero cometer mis propios errores, participar de los riesgos y beneficios de mis actos con otras personas que sienten y piensan igual que yo, o desafiar con la indiferencia a las mafias del poder, que esperar indignado pero con calma la próxima bofetada o la certera puñalada en la espalda.

Los sucesos que acontecieron durante esta semana pusieron balo la mira de la opinión pública, revelaron que las estructuras rancias de poder también existen y practican el autoritarismo dentro del partido que se autodefine como “la esperanza de México”: Morena.

Es lamentable la culminación de ésta aventura: Andrés Manuel López Obrador, caudillando, fue tajante al declarar que tan sólo había espacio para un promotor de la soberanía nacional y candidato a la gubernatura por ése instituto político, aun cuando no pertenece a él: David Monreal Ávila.

Aunque los hechos, que no pueden ser sino considerados como una traición más son lamentables, tienen la virtud de poner en primer orden el debate que en su momento separó a muchos compañeros: el de las formas, el de los caminos para encontrar la la salida de ésta crisis, de ésta matanza, de ésta ceguera, de ésta ignorancia.

Ya en otras colaboraciones he tratado de explicar los motivos por los cuales creo que la conquista del Estado no es opción para mí, pero aquí argumentaré en torno a otro: El Estado es un ente colonizador.

  1. El Estado se impuso, o bien eliminando a grandes partes de la población, o bien en contra de la mayoría; Silvia Federici nos ha demostrado cómo en Europa hubo comunidades autónomas exterminadas por no aceptar la imposición del aparato estatal, y Raúl Zibechi nos explica cómo, aún en nuestros días, se utilizan las estructuras policíaco/militares o paramilitares para imponer el orden estatal y exterminar las resistencias. En la vida diaria escuchamos a personas decirnos: “por mi rancho pasa mucho gobierno”, al referirse a la policía o al ejército, demostrando su indiferencia ante la lógica estatal, mas no despreocupación o miedo.
  2. El colonialismo practica una ignorancia selectiva y asimétrica, como lo asegura Dipesh Chakrabaty; todos aquellos que nos encontramos en la periferia del poder, nos sentimos obligados a conocer de las vidas de los poderosos, de sus intenciones (por lo menos externas), de las funciones que realizan, mientras que ellos y ellas ignoran prácticamente todo lo que sucede fuera de esas estructuras de poder o sustituyen ese desconocimiento por un aura de exotismo imaginado. Así legislan y gobiernan en el aire, pensando que sus actuaciones son las mejores.
  3. El Estado se maneja en la lógica de las zonas del ser y del no ser; Franz Fanon asegura que los aparatos estatales tienen bien claro cómo funcionan éstas zonas y qué tratamiento diferenciado hay que darles: en la zona del ser estamos todas aquellas personas que obtenemos algún beneficio (educación, respeto a los derechos humanos, salud, etc.), a nosotros basta con mantener hasta cierto punto intocados éstos privilegios; mientras que en la zona del no ser se encuentras las personas desplazadas, las desprotegidas, las informales, las indias, las negras, etcétera; y a estas personas es posibles exterminarlas, pueden ser criminalizadas o simplemente desaparecidas.

Si tomamos en cuenta estos argumentos, que pueden extenderse, podemos darnos cuenta que la intención de deshacernos de la opresión y conquistar la libertad jamás podrá ir de la mano con las conquista del poder estatal.

Debemos dejar de pensar como los poderosos, con los lentes de arriba, con el miedo y el respeto a leyes impuestas, con las ansias de poder recorriendo nuestras vértebras; así nos daremos cuenta de que toda coacción externa hacia una comunidad pacífica es violencia a secas; todos tenemos la innata capacidad de autodeterminar nuestras  acciones colectivas.

A todos aquellos que seguirán participando en partidos políticos podría decirles que no se trata de descolonizar al Estado, hay que partir de la premisa de que el Estado es un ente colonizador.

Ya Fernando Lasalle, en su clásica conferencia ‘¿Qué es una Constitución?’, argumentaba que una constitución es, “en esencia, la suma de los factores reales de poder que rigen en ese país”, y esto lo dijo en 1862… y aún lo es.

*Estudiante de Derecho y miembro de #YoSoy132
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