Sábado 15 Diciembre 2018

Código Político: ¿Qué espero del presidente?

Ya pasaron los discursos de la entronización al poder presidencial de Andrés Manuel López Obrador y la parafernalia de la toma de protesta, el impacto mediático y las reacciones de los distintos sectores sobre el contenido de las primeras palabras del nuevo presidente de México.

Ahora empieza a gobernar, a enfrentar sus demonios y sus palabras, sus compromisos y promesas. Y se inicia también la cuenta regresiva y el desgaste del sexenio.

Hasta este momento todo es simbólico. Falta la ejecución de las medidas y el resultado de las políticas públicas del mandatario federal.

¿Qué espero del presidente López Obrador?

Que combata con firmeza y efectividad no a la corrupción, porque esa es una figura retórica que no dice nada aunque abarca todo, sino que con valor y la ley en la mano castigue a los corruptos que saquearon al país, a los estados federados y hoy todavía viven de la política y de la administración pública.

Como mexicano me decepciona cuando dice que no es hombre de rencores y que perdonará a los corruptos, porque si los castiga se va a empantanar y no podrá gobernar.

Sus palabras parecen sacadas de un arreglo personal con la administración peñista. Tal pareciera que negoció para ejercer un gobierno sin sobresaltos, sin incomodidades, que le permitan transitar en una zona de confort.

Si algo hizo AMLO fue pelearse para lograr el poder. Riñó primero con el PRI, de donde salió en el estrépito de la “corriente crítica” que demandaba una mayor democratización en la selección de candidaturas. Después se peleó con las tribus perredistas que buscaron más el arreglo con el gobierno en turno para negociar gubernaturas, diputaciones y senadurías. Así que señor presidente no nos venga con el cuento del “punto final”, con el “borrón y cuenta nueva” y que ahora sí, a partir del 1 de diciembre, no se permitirá la corrupción.

Si usted no cumple su compromiso de campaña de castigar a los corruptos, menos aún le vamos a creer que “ahora sí” se les castigará a los de su administración. ¿Por qué tendríamos que creerle?

En cambio, si constatamos que castiga a los corruptos del pasado sexenio peñista, incluido al propio ex presidente, tendremos una base para creerle que sancionará a los corruptos de su administración. Menos no.

La otra aspiración es la distribución justa de la economía. Esto es la base del desarrollo equilibrado de la sociedad y de todos sus componentes. Empecemos por algo sencillo. Cobre equitativamente los impuestos y que ya no se le perdone las deudas fiscales a los grandes corporativos como ha sucedido con las televisoras.

Entre 2015 y 2016 la presidencia de Enrique Peña Nieto a través del SAT (Servicio de Administración Tributaria) condonó a 15 empresas el pago de impuestos por el orden de los 15 mil millones de pesos aproximadamente.

Por otro lado, durante 7 años (2006 a 2012) el SAT no pudo cobrarles a 15 contribuyentes adeudos por el orden de los 46 mil millones de pesos, los cuales, desde el primer año del presidente panista Felipe Calderón, se incorporaron a un programa de condonación de sus adeudos para “regularizar” su situación fiscal.

Espero que el gobierno de López Obrador ya no condone adeudos tributarios a los poderosos, empresarios y políticos, y que en cambio genere estímulos fiscales para las pequeñas y medianas empresas que son las que más empleos generaran.

Tampoco espero que regale dinero a través de becas, sino que estimule la economía para que los jóvenes tengan mejores oportunidades de empleo, los empresarios generen más riqueza y los trabajadores obtengan mejores sueldos. ¿Por qué regalar dinero cuando no se ha devengado?

México no necesita redentores que entreguen dinero como maná caído del cielo para recibir el agradecimiento en los procesos electorales. El país no requiere de redentores que otorgan el bien ajeno, la riqueza que no les pertenece.

Espero también que mi país deje de ser un cementerio, que las mujeres puedan vivir libremente sin el terror al feminicidio, que los empresarios ya no paguen derecho de piso y que todos podamos vivir en paz.

Que la impunidad deje de ser el salvoconducto para robar y matar en un México que se debate entre la miseria de millones y la opulencia de unas cuantas familias que trafican con el chantaje y la influencia.

También aspiro a que se respete la libertad de expresión, el derecho a disentir y manifestar abierta y libremente las ideas. Que cuando se cuestione una medida gubernamental o un error, no se descalifique en automático con expresiones como “fifí” y “mafia del poder”.

Espero que el presidente de mi país no sea un dictador, un intolerante; y que nos gobiernen los más capaces y honestos, independientemente de sus convicciones ideológicas o religiosas.

No necesitamos un simulador que solo manipule las formas de gobierno a través de consultas ciudadanas a modo, sino que tome decisiones por el bien de la nación, no de sus apetitos personales o del grupo de intolerantes y ambiciosos que le rodean.

Más que un presidente o jefe político, aspiro a un jefe de Estado.

Al tiempo.

Director general de logo portico

Twitter: @juangomezac

Código Político: Rocío Nahle y la política energética

Invitada por la Unidad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Zacatecas (su alma mater de la que es Generación 1981-1986) para dictar una conferencia magistral, la senadora Rocío Nahle García puso de manifiesto la nueva visión en la política energética de nuestro país para los próximos 6 años.

 

Abordó distintos temas que van desde la pérdida de soberanía en energéticos hasta la recomposición de los precios de la gasolina y energía eléctrica, la construcción de nuevas refinerías, la generación de oportunidades para los jóvenes y la geopolítica de los hidrocarburos en nuestro mundo globalizado.

 

En los últimos 3 sexenios, la política en hidrocarburos ha sido errática en nuestro país, pues desde el sexenio de José López Portillo, cuando se petrolizó la economía y que se anunció el fallido proyecto de la generación de gas mediante el ducto Cactus-Reynosa, la política energética no se ha reorientado con una visión de estado, sino solamente se han aplicado criterios de corto plazo y pésimamente fundamentados.

 

Las administraciones presidenciales cifraron una gran expectativa en el precio del barril de crudo mexicano en el exterior, lo que permitió una bonanza sexenal en la presidencia de Vicente Fox Quezada, recursos que fueron gastados políticamente pero que nunca llegaron con suficiencia para incentivar a las refinerías y mucho menos para construir más.

 

Las críticas y los análisis de los expertos sobre la creciente dependencia del exterior en materia de abasto del energético de nada sirvieron. El argumento simplista y facilón, pero irresponsable, fue que era más barato importar gas y gasolina del exterior.

 

Las consecuencias de esa visión presidencial y de la toma de decisiones de los últimos sexenios que solo favorecieron al capital extranjero, han colocado al país en una grave dependencia que vulnera su seguridad nacional.

 

En ese contexto la futura secretaria de Energía señaló que: “Hoy nuestro sistema nacional de refinación está subutilizado, está al 40 por ciento. Estamos importando el 80 por ciento de las gasolinas. Si hoy nos cerraran la llave de Estados Unidos, tendríamos severos problemas; no tenemos almacenamiento ni para 2 días”.

 

Esa es la dimensión de la gravedad que tenemos los mexicanos por haber dejado no solo de producir, sino de planear nuestro desarrollo energético en el contexto internacional.

 

Es paradójico que seamos un país productor de petróleo a escala mundial, pero que en la práctica seamos casi 100 por ciento dependiente de la gasolina refinada del exterior, producto energético estratégico para el desarrollo de México y para generar estabilidad.

 

Es por ello que la conferencista señaló que: “Hoy tenemos en el sector energético una grave dependencia, por seguridad nacional un país petrolero debe de planear para ser autosuficiente. Las últimas generaciones que han administrado a este país se han perdido”.

 

Cuidadosa en el lenguaje utilizado en el atril de donde dictó su conferencia, invitada por la Unidad Académica de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Zacatecas y en el marco de Las Jornadas de Ciencias Químicas, Nahle García evitó hacer una referencia directa al actual presidente en funciones, Enrique Peña Nieto.

 

No cuestionó tampoco a la Reforma Energética del actual régimen presidencial que está declinando en su sexenio, pero aportó datos reveladores de la preocupante situación de vulnerabilidad de nuestra seguridad nacional en materia energética.

 

A pesar de ello, el próximo régimen de Andrés Manuel López Obrador no va a cancelar de inmediato la mencionada Reforma Energética, porque generaría un problema mayor, por lo que se le darán 2 años de gracia para observar su comportamiento, “a ver hasta dónde da”, dijo la conferencista.

 

Sin embargo, sí dejó entrever la inequidad en el mercado libre y el rigor fiscal para la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Pemex, pero en donde prevalece el favoritismo para las corporaciones trasnacionales.

 

Lo primero que vamos a hacer, dijo Rocío Nahle, es frenar la caída de la producción petrolera. Viene un declive. “Cuando se aprobó la Reforma Energética, en el 2013, nos dijeron que para el 2018 íbamos a producir 3 millones de barriles diarios. En ese momento producíamos 2 millones 400 mil barriles diarios. Hoy estamos en un millón 800 mil barriles diarios”.

 

Rocío Nahle García fue enviada por la Unidad de Ciencias Químicas de la UAZ a realizar sus prácticas a las plantas de Pemex en Pajaritos y después a Cangrejera en el estado de Veracruz hace aproximadamente 30 años. Ya no regresó a Zacatecas. Se especializó como ingeniera petroquímica en el sector paraestatal principalmente.

 

En los últimos años incursionó en la política en Coatzacoalcos, Veracruz, en donde fue electa diputada local y en las elecciones del 2015 participó por el Distrito 11 del estado de Veracruz en el proceso comicial federal. En la pasada LXIII Legislatura fue la coordinadora de los diputados de Morena en San Lázaro y una pieza importante en la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

 

La actual senadora es originaria de Río Grande, Zacatecas, pero con raíces árabes, concretamente del pueblo libanés de Nabathie, de donde emigró su abuelo Luis Nahle Fakih en 1906, de acuerdo al relato detallado que hace su hermano, Arturo Nahle García, actual magistrado del Poder Judicial zacatecano, ex procurador y ex secretario general de Gobierno en el estado, en el artículo De Líbano a Zacatecas: la otra migración y compilado en su libro Relatos, retratos, retazos (Taberna Libraría Editores, 2011).

 

“No nos vamos a aislar”, dijo Rocío Nahle García al referirse al contexto mundial y globalizador de la política petrolera mexicana, y seguramente, que tampoco se aislará de su tierra y de la fuerte influencia que ya tiene en el estado, por la posición que ocupará y por la confianza que en ella deposita el actual presidente electo y próximo presidente de la república a partir del 1 de diciembre de 2018.

 

Al tiempo.