Viernes 15 Noviembre 2019

El estilo de gobernar

  • Peña nieto y los gobernadores
  • Una nueva relación de poder
  • Repercusiones en el estado

El presidente Enrique Peña Nieto asestó un fuerte golpe político-mediático a la dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que debe analizarse no solo en el contexto de la rivalidad que se ha ido ensanchando por la aprobación a la reforma constitucional en materia educativa, sino también en el estilo de gobernar que ha elegido el actual mandatario del país.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha regresado a Los Pinos y los 12 años de la alternancia panista terminaron con un estilo muy diferente de ejercer el poder, con formas distintas de relacionarse con su militancia y con los gobernados.

El PRI ha regresado con sus esquemas prácticos y pragmáticos de gobernar, con sus formas ancestrales y protocolarias de hacer sentir el poder, con su filosofía revolucionaria que la trae en su ADN aunque no la mencione; con su liberalismo y practicidad, pero también con su disciplina partidaria y de Estado.

Ejercer el poder y gobernar son cosas diferentes. Los panistas gobernaron. Vicente Fox lo hizo durante 6 años y después Felipe Calderón lo haría en una transición que sembró dudas y cuestionamientos.

En esos 12 años de gobiernos panistas el PRI transitó del infierno a la gloria. Bajó al averno de las minorías y sufrió el desmantelamiento en algunos estados, pero tuvo claros sus objetivos: regresar a Los Pinos.

El tricolor necesitaba reunificarse. Registró depuraciones y varios de sus cuadros valiosos se fueron al PRD los más y los menos a otros partidos, incluido el PAN.

Pero los priístas que se quedaron lo hicieron unidos. Sus procesos fueron en unidad. No se desgastaron con luchas intestinas. Aprendieron de sus derrotas. Sabían que la unidad sería su fortaleza, y así fue.

Hoy Enrique Peña Nieto está mostrando su estilo de gobernar:

A casi 3 meses de haber rendido protesta como presidente de México, decide fincar responsabilidades a la líder del SNTE bajo acusaciones de desviación de recursos de los maestros que podrían ser tipificados como lavado de dinero y delincuencia organizada, de acuerdo a las versiones del procurador Jesús Murillo Karam.

Carlos Salinas de Gortari ordenó la detención del líder petrolero Joaquín Hernández Galicia el 10 de enero de 1989 en su domicilio particular en Ciudad Madero, Tamaulipas, a solo 41 días de la toma de protesta.

¿Hay similitudes en los inicios de estas administraciones presidenciales de extracción priísta?

Claro que sí, pero los momentos son muy diferentes y los escenarios también.

Carlos Salinas de Gortari llegó cuestionado severamente a la Presidencia de la República y por tanto necesitaba de la legitimidad, pero el presidente Peña Nieto ha llegado totalmente legitimado con un voto mayoritario de los mexicanos.

El manejo político mediático de la detención de Elba Esther Gordillo ha sido llevado con puntualidad, con guión, sin salirse del formato.

El único personaje que aparece es el procurador Jesús Murillo Karam. Nadie más. La conferencia programada con el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong se canceló. Nunca apareció.

El martes 27 de febrero el presidente cita a los gobernadores del país. Habla con ellos en privado. No hay declaraciones a la prensa, salvo las palabras del gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, quien comenta desde una camioneta en marcha que todos los gobernadores le dieron el apoyo y respaldo al presidente. No hubo más.

Es un guión cuidado y llevado con disciplina. Como debe ser.

Pero la detención de Elba Esther Gordillo Morales marca la diferencia en la forma de gobernar. El mensaje es la disciplina con los subordinados, con los colaboradores, pero también en la relación con los gobernadores.

Es la fuerza del Estado. Es la fuerza presidencial que se había quedado en alguno de los salones de la residencia oficial de Los Pinos.

Es hacer sentir la presencia del mandato, del orden, del jefe supremo. Es la frialdad del poder.

Gordillo Morales realizó acuerdos con Vicente Fox y Felipe Calderón. Ambos le regresaron regalías político burocráticas. Le dieron un partido y posiciones burocráticas y administrativas. Le dieron poder, influencia e independencia.

Pero el poder tiene límites y hoy los está viviendo en el penal de Santa Martha Acatitla.

El presidente Enrique Peña Nieto no se detendrá única y exclusivamente con el arresto de Elba Esther Gordillo. Otros dirigentes han puesto sus barbas a remojar como el de los petroleros, Carlos Romero Deschamps, y Joel Ayala, de los burócratas.

Sin embargo hay un expediente abierto que ha agraviado a los mexicanos y en especial a los coahuilenses: el fuerte endeudamiento de Armando Moreira. El caso no ha sido echado al olvido. En los próximos días seguramente habrá noticias al respecto, porque la Presidencia de la República no puede dejar pasar un agravio de esa naturaleza.

Se pulsa lo social y se analizan los escenarios.

En este contexto del nuevo estilo de gobernar, los mandatarios estatales deberán analizar y revisar sus relaciones con el actual presidente, porque en Los Pinos hay una nueva forma de ejercer el poder.

Sin duda que ello tendrá repercusiones en los gobiernos estatales, tanto en el manejo de las finanzas, de los recursos económicos, pero también en lo político electoral.

La suerte está echada.

Al tiempo.

 

FOTO: ARCHIVO

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