Miércoles 21 Octubre 2020

Jorge Soto, la peligrosa vía rápida

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Parte I. El primer "Yorch"

Bienvenidos. Presentamos el nuevo Testimonio de la Frontera, que pasa lista sin falta después de las últimas emisiones - Contexto fronterizo I y II- que respondieron al escozor por la convulsiva contienda política, finalizada no sin altercados.

No pudimos quitarnos una comezón grosera, las ganas de decir algo por las llagas abiertas, la voz a cuello del sentir mirante y fronterizo. Pero fue un convenio de ideas generales, un atisbo de lo evidente: injusticia, falta de respuesta política y ceguera gubernamental, nomás.

De ahí el receso que fue un respiro ante el colorido circo de la política mexicana. De todos modos, las fisuras resentidas por los testimonios se evidencian todo el tiempo, por eso es necesario el regreso inmediato a este foro con nuevos testimonios, como el de Jorge Luis Ortiz Soto.

Infancia itinerante
Al hablar de alguien uno debe empezar por presentarlo, sin aventar juicios. El filósofo metafísico Gurjief anticipaba esa conducta e hizo la siguiente invitación: al hablar de alguien hazlo cuando sea algo bueno. Pues bien, la sentencia del filósofo no da espacio a contingencias.

Veremos que el hombre ha de resurgir de sus propias conductas una vez que las haya cambiado, que haya acudido a una transformación. Por eso el inicio básico es por anunciar el nombre de nuestro siguiente testimonio aludiendo a toda clase de contingencia sin asombro.

Jorge Luis Ortiz Soto nació en Mexicali en 1980, en el Centro Cívico. El hospital del IMSS fue casa de su primer respiro. Su primera infancia fue itinerante, conducta que le dominó hasta que resolvió hacer su vida en la ciudad que le vio nacer, hace apenas unos meses.

Vivió en Pueblo Nuevo, Nacionalista, Solidaridad, Villa Verde y finalmente en La Baja California, colonia popular insigne de la ciudad. A pesar del nomadismo que él recuerda afirma provenir de la legendaria colonia la “Baja”.

Apenas a los 14 años dejó por primera vez la ciudad. Su madre, motivada por el trabajo cambió su residencia a Hermosillo, Sonora. Jorge recuerda los días transcurridos como agua ida. Su memoria proviene del tacto y el paladar más que de la imagen:

“Me gustaba Hermosillo aunque no salía mucho. Estaba en mi casa y de ahí me iba a la escuela, vivía con mis abuelos. La casa de mi abuelita estaba repleta de flores, hortensias, rosales, dientes de león. Me gustaba tocarlas todo el tiempo. Ella cocinaba y era magia verla”.

A los 16 años Jorge tuvo la intención de emigrar a Estados Unidos.

frontera-2“Mi vida a esa edad era saludable. En realidad no me percaté de la colonia donde vivía, para mí los días eran tranquilos. Mi casa me parecía un lugar tranquilo. Mis abuelos vivían moderadamente, en orden. Pero afuera de la casa era diferente, otro gallo cantaba.

“Cuando me percaté del negocio de mis vecinos y de mucha gente de la colonia no me parecía extraño. Antes que nada veía todo en singular calma.

“El cabecilla de la colonia fue quien me mostró el mundo callejero. Apenas contaba dieciséis abriles cuando me habló para acompañarlo a él y sus compinches en su carro. Querían alguien de quien burlarse, aprovecharon mi inocencia para hacer sus felonías. Pero me gustó porque conocí el debraye”.

El primer intento de cruzar de Jorge Ortiz fue a los 17 años
“Al cruzar me motivaban mis abuelitos. Mi madre siempre ha sido muy buena mujer, trabajadora. Pero había que llevar papa a la casa y no veía otras salidas. Así que decidí emigrar. No solo yo, toda mi generación y muchas anteriores, siempre motivados por la carencia económica. Igual que ahora y sin duda las generaciones que vienen, porque hay gente desconocida que no tiene acceso a las cositas a las que una persona debería acceder”.

Jorge fue capturado por la migra y deportado al intentar cruzar por el desierto de Sonora, ruta preferida de muchos migrantes y polleros.

“No sabía qué hacer. Regresé desesperado. Mi mamá siempre tuvo todo en orden. Pero ahí vinieron los problemas. Tu no sabes, pero la gente opta por emigrar antes de entrar al hampa. Ese brazo  cobra fuerza porque es un centro de atracción para quienes no tienen facilidades para sobrevivir. Yo no culpo a la gente, sino a sus gobernantes.

“Yo empecé así. Quería trabajar, ni pensar en la escuela porque era pérdida de tiempo y uno se acostumbra al desorden. Las calles me ofrecieron el dinero que no conseguí con dolorosa honestidad. Gané dinero y para ser la primera vez no estaba tan mal. Pero todo se sale de control cuando no se es maduro. Cuando existe una idea certera de las consecuencias no te percatas de las posibilidades negativas que traen tus actos.

frontera“Eso me pasó hasta que topé con duro. De golpe caes en razón de que has olvidado tu primera intención. Me había convertido en un desmadre. Mi primera infancia fue el paso al caos y el desorden”.

El preludio de las peores conductas
Jorge logró cruzar a Los Ángeles, California, donde vivió tres años con otros migrantes ilegales. Durante el proceso se convirtió en una persona muy distinta a la que es hoy. Fue al fondo y conoció las peores conductas. El inicio de este testimonio es la anticipación a la narración de ese “Yorch” oscuro que desenfocó su entorno.

Igual que Gurjief este testimonio captura la benevolencia sin dejar de lado el tránsito, partiendo de una distinción fundamental: la unidad del individuo se compone también por las partes desencajadas.

Durante la primera entrevista “Yorch” me dijo:

“Cuando pasé a Los Ángeles trabajé honestamente hasta que volví a caer en el hampa. Para entonces había olvidado el olor de las hortensias, los rosales y los guisos que mi abuela acompañaba con arroz.”

 

FOTOS: JONATHAN GONZÁLEZ

 

* Jonathan Conetl González es egresado de la Licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Aunque es zacatecano actualmente vive en Mexicali donde realiza una investigación sobre el fenómeno migratorio. Terminó su primer libro de cuentos 'Palabras en primera persona' y el cuadernillo de poemas 'Distancias interiores'.