Sábado 31 Octubre 2020

Júbilo y Delirio: expresiones de la frontera. Parte I

testimonio-frontera-9Bienvenidos. Después de haber concluido con T.C, el revés y la revuelta, Testimonios de la Frontera trae la historia de Hiram Santiago Cortés Palacios para iniciar la semana con su particular caso.

En la última parte del testimonio anterior vimos una evolución en T.C., una resolución con la que concluyó apropiarse de la tierra que lo vio nacer sin olvidar el pasado, espacio en que su familia, trabajo y educación tomaron forma. T.C es testimonio nuestro pero no es caso cerrado, como ninguno de los que hemos conocido a través de Zacatecasonline, nuestro foro.

Su experiencia y el largo camino recorrido es un hilo comunicante en medio de la enorme trama de la migración, de la cual hemos agarrado un pequeño nudo para ver su forma estrujada y reconocer sus extensiones.

Esta primera parte es la carta de presentación, la muestra del contexto. Porque es mejor entender las cosas cuando se reconoce el escenario. Aquí nos dedicamos al encuentro con Santiago y mostramos algunas preguntas básicas que nos darán una pista sobre él.

El Encuentro
Fotografiaba la garita fronteriza Mexicali/Calexico cuando unos agentes del lugar me alcanzaron para interrogarme. Fueron hostiles. Saqué furia y me molesté un poco, pero no estaba de ánimos para enfrentamientos. Arguyeron la ilegalidad de mi práctica amateur, la garita es espacio federal, prohibido tomar fotos.

Me obligaron a borrar las tomas. Dejaron la hostilidad porque no opuse resistencia; cuando me abordaron les eché mentiras, simulando molestia. Expresé haber nacido en Zacatecas, no conocía la garita y era un buen tema para mi catálogo.

Me vi obligado a desaparecer. Peritos en conductas sospechosas, los agentes no me quitaron la vista de encima. Caminé hacia el sur, por la Avenida Colón, rumbo al centro de la ciudad.

testimonio-frontera-5Me sorprendió la cantidad de artesanías que se venden cerca de ahí. Se dejan ver los cuadros multicolor, trípticos de una austeridad agradable, figuras de barro: ranas, burros con carretas, flores.

Ya había olvidado a los agentes cuando me llamó la atención un barullo. Una familia estaba reunida en torno a una persona, celebraban su presencia. Pero era un festejo íntimo, estaban en el parque de Los Mariachis, justo pasando la garita. Pero eran dueños del lugar, su íntima celebración se dio en un ámbito familiar, un reencuentro.

Me acerqué a ellos tratando de hacer algunas fotos pero no me atreví. Sentí que manoseaba esa intimidad.

Correcto. Celebraban el arribo de Hiram Santiago Cortés Palacios. De hecho fue él quien se acercó a mí para darme su cámara, me pidió que hiciera algunas tomas con la lente, una réflex digital. Acepté. Me dijo:

- Acabo de llegar del otro lado.

Tomé una donde abraza a su hermano y a su mamá. La señora se veía contentísima. Su expresión no disimulaba nada, el hermano era más serio, pero sabía entenderse con Hiram. La última foto deja verlos a los tres, de frente a la cámara. Detrás, sonriendo, los demás integrantes de la familia, primos, tíos y amigos. Optaron guardar las fotos. Las que aquí presentamos no serán de él ni de su gente más cercana.

Hiram Santiago nació en Costa Rica. Su madre, sola y con poco dinero, emigró a México para asentarse una temporada en Aguascalientes. Ahí conoció a Randalf  Mc. Courtney, hombre noble y trabajador, oriundo de New York. Se conocieron y decidieron vivir juntos en Aguascalientes, para cambiar de residencia a New York cuando Hiram alcanzaba los tres años.

Allá se desarrolló y estudió, aprendió herrería y trabajó en un taller hasta la pubertad. Después vino la mala racha, Randalf Mc. Courtney sufrió un accidente en el trabajo que lo dejó paralítico, sumiéndolo en una depresión que lo llevó a la muerte. Y entonces comenzaron los problemas. Vámonos por partes y empecemos con lo básico:

El júbilo
testimonio-frontera-4Luego de tomar las fotos a Hiram Santiago le comenté sobre Testimonios de la Frontera. Pareció no entenderme, me da la impresión de que sintió que le hablaba de una película o un cuento. Le expliqué, lo invité y accedió.

De esa platica pude consignar algunas partes importantes.

- ¿Cuántos años tienes?

- 28, cumpliré 29 en mayo, el día 27.

- ¿Conoces México?

- No, muy poco, pero no es feo, se parece un poco a Estados Unidos. La colonia a la que llegué está muy parecida. Recuerdo Aguascalientes, cuando jugaba con mis vecinos, todavía me acuerdo del nombre de ellos: Carlos, le decíamos Carlangas, Beto, y César. Vivíamos en Casablanca, como la película gringa. Pero allá no es como aquí, es más bonito. Todo México es bonito.

- ¿Cómo te sientes?

- Raro, no estoy trabajando y tenía rato que no veía a mi familia, pero creo que el vaso está medio lleno y no medio vacío, en el fondo me siento muy bien.

Su familia vende artesanías cerca de la garita. Yo opté por comprarle un tríptico que ahora adorna la sala de mi casa. Buen gasto. Se armó el trato y me percaté que sería bueno conocerlo en Testimonios de la Frontera.

Los tres pequeños cuadros muestran una figura en negro, amarillo, blanco, guinda y café, colores que pese el contraste, Hiram supo equilibrar muy bien.

Ahora que presentamos estos testimonios los cuadros permanecen en la sala de mi casa, estáticos, pero no están ausentes, en sí mismos cuentan una historia, narran el correlato de una vida que ha tenido matices como los que figuran en las mantas coloreadas. Esos cuadros tienen, como Hiram Santiago, una historia que contar.

En la segunda parte conoceremos más de cerca a Hiram Santiago, nuestro Testimonio de la Frontera.

 

FOTOS: JONATHAN GONZÁLEZ

 

* Jonathan Conetl González es egresado de la Licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Aunque es zacatecano actualmente vive en Mexicali donde realiza una investigación sobre el fenómeno migratorio. Terminó su primer libro de cuentos 'Palabras en primera persona' y el cuadernillo de poemas 'Distancias interiores'.