Sábado 31 Octubre 2020

T.C. El revés y la revuelta. Parte II

frontera-1 Parte II.- T.C.   Espacios  IN(documentados)OCUPADOS

La semana anterior pasamos revista a una modalidad distinta del migrante, que sugiere que éste aprehende las costumbres norteamericanas con más fuerza, el inglés y sus conductas. Vimos, no obstante, cómo esa clase migratoria aspira a conservar su mexicanidad en la que al final se pulen experiencias, el aprendizaje y su trabajo.

Anunciamos que T.C.,  nuestro testimonio, ha decidido presentarse sin rostro, testificar su memoria sin mostrarse al lente de nuestra cámara. Dicho y hecho. Ésta es la segunda parte, en la que ‘El revés y la revuelta’ se amarran a la trama de Testimonios de la Frontera.

Sugerimos el subtítulo doble porque creemos que antes y después de cruzar la frontera los indocumentados dejan huecos que difícilmente son llenados. Huecos en ambos países. Los indocumentados se ausentan en los espacios que alcanzan a la memoria, al tiempo y al recorrido diario. Por lo visto, lo que más duele son la ausencia y la memoria.

Con estos testimonios no pretendemos dictar sentencia ni celebrar cualidades ni conductas. Queremos cerrar bisagras, acortar las distancias entre individuos, granito de arena y botón de muestra en favor de nuestros testimonios y migrantes.

frontera-2Noté una cosa interesante en T.C. Y es que cada vez que se expresa, parecen surgir de él dos voces distintas, dos ecos que vienen de dentro. Lo interesante es que uno parece hablarme como si se tratara del individuo que no es mexicano.

“Ahora que me castigaron y regresé a México, me sentí como cuando tenía 4 años y me fui a vivir a San Diego, en la escuela, donde no me sentía del lugar, como si fuera migrante en mi propio país.”dijo.

Pero esa voz siguió hablando y, en efecto, T.C. al igual que muchos indocumentados, ha logrado aprehender la vida de Estados Unidos que una vez en México los desubica. Habla para sí y surge del estado anímico en que se funden la experiencia que vivió al más típico estilo republicano en Estados Unidos.

Imaginemos el impacto de ese fenómeno cuando la persona se ve deportada de por vida a México, invirtiendo en irónica condición la versión migrante.

El regreso, buscando un espacio
La otra voz de T.C. es del individuo que ya no pertenece a ese entorno: el deportado.

Le pregunté:

-¿Cómo te ves ahora?

-“Ahora ya me estoy ubicando, ya pasaron 4 años desde que regresé a México. Al principio me sentí extraño, pero un chorro de cosas pasaron. Cuando llegué no me trataban como mexicano y francamente yo no me sentía así. Fui criado en un lugar en el que se trabaja para conseguir las cosas y una vez que llegan, hay mejor remuneración. Aquí no sucede lo mismo. No puedes hacer muchas cosas y tener ganancias suficientes por ello.

“Eso fue un problema. Yo estaba acostumbrado a ganar mínimo 100 dólares la hora. Aquí no me los pagarían nunca. La gente creía que yo era pretencioso, ahora que lo pienso es que en realidad yo creía que aquí las cosas eran como allá.

frontera-3“Me llama la atención la forma del migrante que se cree mexicano. Chistoso. Muchos de ellos, si les dieras a elegir entre las banderas de México y Estados Unidos, elegirían la mexicana. Pero se contradicen, hablan inglés, lo deforman con el español. Creen que la mexicanidad es hacer lo contrario al país donde están, pero muchas cosas de lo mexicano les disgustan,” comentó.

-¿Tú no te comportabas como mexicano cuando viviste allá?

“En mi casa vivíamos como aquí. Mis padres nunca hablaron inglés -pero yo siempre pensé que una buena manera de demostrar cómo somos los mexicanos es hablando bien el inglés y el español, aceptando y aprendiendo lo máximo, noo desdeñando”, dijo

T.C. me comentó que tuvo problemas con muchos clientes porque les incomodaba la frontera lingüística. Cuando logró consolidar una empresa muchos de sus trabajadores fueron mexicanos. Pagaba 15 dólares la hora, durante 8 o 9 diarias. Pensándolo, el trabajo que T.C. ofertaba fue en su momento muchísimo mejor que muchos que dan a los indocumentados.

Tiene una hija y tenía una esposa. Luego de conducir ebrio por dos ocasiones, fue sentenciado a 5 años de castigo fuera de estados Unidos,  de los cuales lleva 4. Hasta ahora comenta sentirse adaptado.

“Se trata de estar bien donde uno anda. Yo soy mexicano y, aunque me haya costado trabajo estar nuevamente aquí porque no se trabaja y mucho menos se paga igual, ahora me adapté. Veo que se trabaja mucho aquí en México. De hecho, en la construcción, que es donde yo laboro, no he visto la misma dedicación, empeño y, sobre todo, capacidad en Estados Unidos de la que tienen aquí. Allá todo eso parece ser más sintético, funcional”.

fronteraT. C. trabaja actualmente como contratista. Luego de una mala racha sus clientes empiezan a buscarlo. Vi que ese desarraigo que comenta no es exagerado.

Sorprende que dentro del fenómeno migratorio haya una versión irónicamente opuesta en que los mexicanos que han vivido mucho tiempo en Estados Unidos se ven afectados, sumidos en una atmósfera en la que regresan a su país siendo éste un lugar desconocido para ser, eventualmente, migrantes connacionales.

 

Parte I. Los primeros años y la mexicanidad

 

FOTOS: JONATHAN GONZÁLEZ

 

 * Jonathan Conetl González es egresado de la Licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Aunque es zacatecano actualmente vive en Mexicali donde realiza una investigación sobre el fenómeno migratorio. Terminó su primer libro de cuentos 'Palabras en primera persona' y el cuadernillo de poemas 'Distancias interiores'.