Martes 27 Octubre 2020

Héctor Adelio, pinceladas con tinta negra y caos. Parte III

hector-adelioParte III.- Sunset, la intemperie migrante

 

Vimos en la primera parte de este Testimonio de la Frontera cómo Héctor Adelio Padilla Valenzuela sufrió la intolerancia y discriminación. También cómo se sumergió  en la violencia y las pandillas. Pudo regresar a su país luego de haber caído en la cárcel, como se narra en la segunda parte. Pero el regreso a su tierra no sería tan fácil, ahora, las batallas cambiaron. Esta tercera parte es la continuación de ese caos con tinta negra. 

El Castigo
El castigo es una condición habitual para muchos indocumentados. Consiste en el veto temporal de acceso a Estados Unidos. Sus variaciones, el fichaje y el récord, son en general motivos para la deportación del 75% del total de retenidos.

La mayoría de estos migrantes son orillados a abandonar a sus familias y dejar atrás sus patrimonios, los cuales siguen siendo contribuciones a la economía de ambos países.

Abandonados a su suerte, los migrantes pierden más que su trabajo. En realidad, cuando eso pasa, se ensanchan las distancias culturales y se difuminan las relaciones socioculturales y políticas. El contexto real excede las capacidades de contención fronteriza.

Esto provoca el efecto cuello de botella, con el hacinamiento de mexicanos, salvadoreños, ecuatorianos sin trabajo, varados en los diferentes cruces fronterizos, enfrentándose al impedimento de recuperar lo propio y el retorno a casa.

Legiones de mexicanos agotan su tiempo a la espera de que esa condición legal termine, encontrando obstáculos infranqueables para regresar a Estados Unidos mientras intentan sobrevivir a contracorriente en su propio país.

A esta altura, las fisuras de esa condición son evidentes. Difícil discernir cuál es la frontera que debería hospedarlos. La nuestra o aquélla. Cuestionamos y redefinimos cuál es la geografía hostil y de dónde provienen las injusticias.

Sorprendidos, abrimos paso a la duda. Pelamos ojos y entendemos la contradicción básica, enraizada en la evasiva idea de que la migración está en transición, superada por las condiciones geopolíticas. Todo se soluciona bilateralmente, dicen. Y descubrimos que no son más que intentos bonachones y peras de olmo.

hector-adelio-1Pero el escozor no queda aliviado.

Las fibras de lo nacional se tejen y destajan en nuestros migrantes abriendo llagas para las que no tenemos cura, puesto que la tierra natal no provee lo básico. El cruce es inminente antes que sucumbir en la pobreza.

Testimonios como el de Héctor Adelio todavía nos duelen e interesan.

La intemperie
Desatado, Héctor perdió el control.

“Cuando ya estaba metido en la calle, como mexicano, dejé de pensar las cosas, actuaba sin moderarme, todo lo que hacía no era simultáneo a lo que veía en la gente. Parecía que tenía que ganarme todo, me costaba más trabajo lograr cosas. Todo lo hice como extranjero, mis asuntos también eran extranjeros estando allá, yo creo por eso siempre fui nocturno, tenía que esconderme”, me dijo.

Le comenté que esa es la intemperie migrante. Me aventó su confirmación a la cara.

“Pero también está la otra parte, no te miento. Mucha gente llega a lograr cosas, a integrarse en todas las formas a lo gringo. Y muchos de ellos se conservan mexicanos”, expresó.

Héctor comentó haber tenido la sensación de que su estancia debía ser justificada.

Explicó que vivir en una tierra sin sentirse huésped vuelve más difíciles las condiciones.

“Es difícil cuando sabes que estás allá, que como huésped no eres bien visto”, declaró con amenidad desenfadada.

Pero en su testimonio también hay rincones oscuros, puntos ciegos.

Héctor desobedeció las leyes del país que lo vio como extranjero. Incurrió en actos ilícitos.

Cierto, como extranjero hizo comparaciones culturales.

Desde su mirada difuminó el contexto habitual.

hector-adelio-2La noche inminente en que se vio sumergido fue el delirium tremens, el hallazgo subterráneo de una cultura diferente. Maravillado por sus espectros, conoció a sus más cercanos amigos, sus hommies. Enfocó su atención en las pandillas.

“Las calles allá son muy rígidas. Lo que importa es el poder. Un día nos metimos en problemas, eran asuntos serios. Un amigo consiguió armas, nos sentíamos conquistadores, estábamos tomando lo nuestro. Pero no era correcto, lo que no nos gustaba era la injusticia solapada. Los pandilleros defienden una mexicanidad falsa.

“Ahora entiendo más eso.

“Tuvimos muchas riñas, balazos, tiroteos.

“Todo se acabó, porque la gente se acaba entre sí. Lo curioso es que en el fondo el problema es por la raza y la cultura. Muchas veces la territoriedad se debe a la piel y a la procedencia. No debería de ser así”, confesó.

La asimilación cultural del migrante se interrumpe desde el contexto. El “wet back” es de entrada un señalamiento, una frontera dentro del territorio de una nación ajena. El circuito migrante queda interrumpido cuando hay desintegración. El muro fronterizo implica posesión y pertenencia. El muro es una conducta nacional, vista desde ambas fronteras.

Para Héctor la estancia en Estados Unidos significó el crecimiento, luego se transformó en aspiración, para finalmente liberarse en la implantación de un sentido de pertenencia que padeció la ausencia de la patria a su regreso.

“Cuando llegué a México me sorprendí de que la gente que estaba acostumbrada a los inmigrantes me llamara Plástico.

“Fue malo ver cómo la gente que yo defendí estando allá, porque conocía la actitud de los mexicanos y algunos gringos, acá terminara por creer que soy reciclado, que soy de plástico. Fue raro y decepcionante”, dijo.

Héctor quedó ubicado en un contexto migrante. Su historia y testimonio es frecuente en México y la frontera.

El mínimo esfuerzo debe resultar en voltear la vista hacia ese sector, ahondar al respecto.

La cuarta parte del testimonio de Héctor será la próxima semana. Acercándonos al desenlace y a la parte de más impactó en su vida.


Parte I. El Limbo de la deportación y el Infierno de la discriminación

Parte II. Borderland, la noche de los cinco años

 

 * Jonathan Conetl Gonzalez es egresado de la Licenciatura en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Aunque es zacatecano actualmente vive en Mexicali donde realiza una investigación sobre el fenómeno migratorio. Terminó su primer libro de cuentos 'Palabras en primera persona' y el cuadernillo de poemas 'Distancias interiores'.