Viernes 3 Abril 2020

Salieron por su becas y regresaron sin vida

El ejido El Aval, en el corazón de la sierra de Durango, cerca de la zona donde comparten límites esta entidad, Sinaloa y Nayarit, se enlutó por la muerte de 10 jóvenes, a causa de la inseguridad que se registra en la zona.

En estos momentos, 10 de sus residentes más jóvenes son el centro de las oraciones de todo un pueblo, tras ser abatidos por presuntos criminales en un retén falso.

Un total de cuatro familias vieron salir a estos 10 niños, adolescentes y jóvenes en una camioneta rumbo a Los Naranjos, localidad donde recibirían los apoyos del programa Oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), pero nunca regresaron.

Por eso el llanto no se detiene, porque perder a un hijo no tiene consuelo, y es que es difícil cuando ese hijo es apenas un niño o un muchacho.

O cuando un padre y una madre de familia pierden a dos, tres o hasta cuatro hijos de un solo golpe, o cuando la misma muerte fue instantánea, violenta, cobarde e inexplicable.

Quizá por ello no hay sosiego en las familias Ortega Rueda, Sarabia Mancinas y Leyva Cabrera.

En la primera de ellas, porque nadie comprende cómo fue que en un instante hayan muerto Erika, Margarito, Iván y Yolanda, de 11, 13, 17 y 19 años de edad, respectivamente.

Todos ellos hermanos, beneficiarios de las becas del programa Oportunidades, signo del esfuerzo que hacían por estudiar, a pesar de las dificultades de vivir en condiciones de tal marginalidad.

Es el mismo sentimiento encontrado, que seguramente prevalece en la casa de las hermanas Juana Francisca y Yesenia, de ocho y 15 años de edad, respectivamente, donde la familia Sarabia Mancinas no acaba de recibir sorpresas.

O en la de Sergio González Leyva, de 16 años de edad; Carlos Ramírez Leyva, de 15, y los hermanos Pedro y Lázaro Leyva Cabrera, de 21 y 19 años, ya que en una tarde todos ellos murieron, en un hecho que causa conmoción total, no sólo en Pueblo Nuevo, sino en todo Durango y el país entero.

Pueblo Nuevo es peculiar, porque casi la mitad de la gente vive en la ciudad de El Salto, su cabecera municipal, pero el resto se reparte en cientos de comunidades, pueblos y ejidos, diseminados casi de manera caprichosa en una extensión de seis mil 178 kilómetros cuadrados.

Peculiar también porque, así como un segmento de la población tiene su vida entre El Salto y la ciudad de Durango, otros viajan poco a esta parte del centro de la entidad, y optan por relacionarse comercialmente ya sea con poblaciones de Nayarit o de Sinaloa.

Pueblo Nuevo limita al norte con el municipio de Durango, al sur con los estados de Nayarit y Jalisco, al oriente con el municipio indígena del Mezquital y al poniente con San Dimas y el estado de Sinaloa.

Hoy, es una región violenta, especialmente en las comunidades enclavadas en la serranía, donde se han hecho más comunes acciones como la muerte a balazos, la desaparición de personas, la extorsión, el secuestro, el ataque y reto permanente a las autoridades formalmente instauradas.

La versión oficial dice que estos 10 niños, adolescentes y jóvenes iban juntos en una camioneta pick up, cuando un grupo armado los atacó con rifles de asalto y lanzaron granadas al vehículo.

Inicialmente, se dijo que un retén falso de grupos criminales apostados en la sierra les hizo el alto y no quisieron detenerse.

Otra versión no confirmada indica que sí se detuvieron, que los sicarios bajaron por la fuerza al menos a dos mujeres que viajaban y cuidaban de los menores de edad, y que al intentar huir fue cuando sobrevino el ataque.

La realidad es que con más de 59 mil habitantes distribuidos en un vasto territorio adornado de cerros, quebradas y bosque, el municipio de Pueblo Nuevo ha sido testigo de decenas o cientos de muertes violentas en los últimos años.

Sin embargo, nada se compara con la realidad que ahora viven las familias que radican en esta demarcación del estado.
 

(Con información de Notimex)