Jueves 13 Diciembre 2018

¡Ay hermoso Zacatecas, mira cómo te han dejado!

1 reportaje-gobierno-revolucion-1“Así son las cosas de la guerra”, diría el general Francisco Villa al entrar al escenario de aquella significativa batalla ocurrida hace 100 años, que cambió la historia de México y alteró la vida en la ciudad por décadas.

La Toma de Zacatecas marcó un antes y un después en el modo de vida de sus habitantes, dejando a sus cerros y los muros que quedaron en pie como testigos de pérdidas y muerte. Sentó las bases de un nuevo orden que, en mucho, perdura hoy en día.

La batalla ocurrió en una extensión de alrededor de 40 kilómetros cuadrados, por lo que en varios de los lugares que recorremos día a día quedan vestigios de ella.

El general Felipe Ángeles expresaba en su diario, tras la Toma de Zacatecas, que la guerra “cada quien debía verla según su oficio, lo que para unos es calamidad, para otros es un arte grandioso”.


Cadáveres por doquier
“Los siete kilómetros de carretera entre Zacatecas y Guadalupe y las regiones próximas, de uno y otro lado de la carretera, estaban llenos de cadáveres, al grado de imposibilitar al principio el tránsito de carruajes”, escribió Felipe Ángeles al relatar el aspecto negativo de una batalla que ahora se celebra por tratarse de un momento crucial en la Revolución Mexicana.

2 muertosEn ‘Las Memorias de Villa’,  de Martín Luis Guzmán, el “Centauro del Norte” relataría así esta escena dantesca: “salía el pueblo a recibirme con las muestras de su afecto, y es la verdad que aquellos hombres, aquellas mujeres, aquellos niños tenían que brincar entre los cadáveres para acercarse a mí con su saludo”.

Otro testigo fue el lugarteniente de Felipe Ángeles, Federico Cervantes, quien en ‘Asalto y Toma de Zacatecas’ escribió: “Los pozos de las minas habían sido llenados con cadáveres. A lo largo de los caminos y por la estación había hacinamiento de cadáveres que no pudiendo ya ser sepultados, iban a ser quemados en montón. ¡La ciudad se iluminó con siniestros resplandores de hogueras humanas!”.


Destrucción de antiguo edificio del siglo XVIII
3 reportaje-palacio-federal-1El Palacio Federal, ubicado a un costado del callejón De la Palma, cerca del teatro Fernando Calderón, fue destruido por una detonación atribuida a los federales, que ahí guardaban sus municiones y explosivos.

Se dañaron varios inmuebles cercanos y los muertos se calcularon en alrededor de 300. El edificio era antiguamente la Real Caja de Zacatecas y fue construido en 1763; luego se buscó reproducir la arquitectura y ornamentación de esa fachada en el edificio que ocupa actualmente la Legislatura.

4 reportaje-palacio-federal-2Entre los escombros fueron sacados cuerpos, algunos en partes, y al cuarto día encontraron con vida un bebé de la familia Magallanes, que vivía en la casa contigua y cuyos demás integrantes fallecieron.

Villa mandó fusilar al supuesto responsable de la explosión, el jefe político de la ciudad, Leobardo Bernal, y en relatos de revolucionarios se muestra indignación por la destrucción de este edificio histórico.


Un bello paseo entre muertos por la hermosa ciudad
5 reportaje-1“La ciudad impresionó tanto a sus atacantes como a sus defensores por su natural belleza”, afirma Fiedrich Kratz en su libro ‘Francisco Villa’.

En ‘La División del Norte (1914) por un testigo presencial’, el doctor Encarnación Brondo Whitt relata que hizo un recorrido en donde vio que había “tiendas fuertes, algunos edificios costosos. Hay casas antiguas que han resistido el embate de los tiempos”.

A este médico la ciudad le parecía romántica, se enamoró de sus calles y, al recorrerlas, a pesar de los cadáveres que hallaba, expresaba: “me voy impregnando del ambiente místico y erótico de esta ciudad”.

6 reportaje-palacio-federal-3A lo largo de la historia son muchas las ciudades que han sido destruidas en conflictos bélicos, sobre todo en épocas recientes con el uso de artillería. En Zacatecas rugieron 64 cañones, 40 de los villistas y 12 de los federales, que descargaron su furia en los cerros.


Los colosales guardianes
John Reed, en ‘México Insurgente’, cuenta que un teniente le informó que había sido interceptado un telegrama de los federales, en el que se señalaba “que Zacatecas era un lugar más fácil de atacar que de defender”.

7 reportaje-cerro-bufaLos huertistas aprovecharon los cerros que bordean la ciudad para establecer sus fortificaciones. El militar de la División del Norte Federico Cervantes llamaba a los cerros "colosos" por sus fuertes posiciones naturales, y decía que para entrar a la ciudad debía primero darse “la posesión de las alturas dominantes”.

Como gigantes manos cuidando una joya, los cerros recibieron la mayor descarga de artillería, y aún hoy varios de ellos no han sido devorados por la hambrienta mancha urbana.

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En las laderas del cerro del Grillo decenas de cuerpos fueron sembrados para que pudiera ser conquistado por los insurgentes, quienes al llegar a la cima colocaron 2 banderas para que ondearan con el viento de triunfo. Ahora tiene en su cumbre una antena y la colonia Lázaro Cárdenas se asienta en una de sus faldas.

El cerro de la Sierpe, donde varias veces los revolucionarios fueron rechazados por disparos y fue el inicio del aplastante avance, asoma su cresta por atrás del Grillo como un iceberg que esconde su gran tamaño. Como hace 100 años, se mantiene como centinela ajeno a la actividad citadina.

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Por el sur se eleva el cerro del Padre, que extiende sus faldas de matorrales hacia las colonias Lomas del Lago y La Encantada como un hábito sacerdotal. El de la Virgen o de las Antenas, mencionado en las gestas como de la Mesa, sigue inconquistable para los asentamientos urbanos, al igual que los cercanos a La Bufa, como el de Loreto, que fue el primero en caer por la artillería de Pancho Villa.

Otros sitios tomados a sangre y fuego en atroces enfrentamientos fueron la estación del ferrocarril, así como los cerros de las Bolsas y los Clérigos, donde ahora están colonias como El Ete y Buenavista.

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La Bufa fue la última fortificación; como la reina de los cerros contempló el desarrollo de los combates y le correspondió dar la aureola de triunfo a los revolucionarios.

Tras 8 horas de lucha, la División del Norte entró a la ciudad, donde la pelea se desató en las calles con unos soldados federales desorganizados que ya poco pudieron hacer para defenderse.


La batalla más cruenta de la Revolución
11 reportaje-calle-hidalgo-bancomerEl número de muertos oscila entre 7 mil y más de 10 mil, en su mayoría soldados federales, de los cuales 3 mil murieron en el camino a Guadalupe cuando intentaban escapar rumbo a Aguascalientes. Estas cifras colocan a esta batalla entre las que han ocasionado más pérdidas de vidas en la historia de México.

Los combatientes fueron 12 mil de los huertistas y cerca de 23 mil de las fuerzas revolucionarias. De acuerdo con Paco Ignacio Taibo II se quemaron más de 2 o 3 millones de cartuchos, además de que “en Zacatecas llovieron balas durante días. Es una ciudad que ha visto su historia bañada en sangre”.

12 reportaje-calle-hidalgo-antes-mercedMiguel Sánchez Lamego, en ´Historia Militar de la Revolución Constitucionalista´, apunta que “en este hecho de armas se aplicó, por primera vez con muy buen éxito, el empleo de la artillería en masa”. Los historiadores destacan la brillante estrategia militar de la División del Norte, así como el valeroso temperamento de los combatientes.


Saqueos y ultrajes: tristes recuerdos

El testimonio de lo que ocurrió los días posteriores quedó plasmado en escritos, uno de ellos de 1922, de Manuel Martínez y García, titulado ‘Reminiscencias Históricas Zacatecanas, La Toma de Zacatecas’.

26 reportaje-palacio-federal-5En el texto habla de saqueos a comercios y casas, el asesinato y secuestro de religiosos y  ciudadanos de renombre, así como encarcelamientos injustificados y despojo de propiedades.

“Los días de espanto y congoja se sucedían, las huestes revolucionarias sin freno ni disciplina a cada momento cometían atropellos y verdaderos crímenes; los jefes insaciables de botín se apoderaban de las casas particulares, apoderándose de todos los objetos que había en ellas”, escribió.

Manuel Martínez y García incluso pone nombre y apellido junto con la dirección precisa de los domicilios que se apropiaron jefes revolucionarios.

En 2007 salió a la luz en ‘El Pregonero’, publicación de difusión del Archivo Histórico del Estado, el informe del agente norteamericano León Canova al Departamento de Estado de los Estados Unidos, apenas un mes y medio después de la Toma.

14 reportaje-estacion-ferrocarrilEn sus reportes hace énfasis en los abusos cometidos contra la población con encabezados como “Una espléndida victoria prostituida”, “Despojo total de propiedad” y “La devoción religiosa en dificultades”.

Canova refiere hechos que Manuel Martínez y García también consigna, entre ellos el saqueo de los talleres del litógrafo Nazario Espinosa, que era reconocido como uno de los mejores en México.

La papelería que tenía el empresario resultó dañada cuando estalló el Palacio Federal y fue saqueada después; además, los revolucionarios le robaron un taller ubicado en el callejón del Cobre.

El tataranieto del impresor, Enrique Espinosa Olívar, estuvo en la capital en agosto para presentar el libro “Nazario Espinosa, litógrafo zacatecano, historia de una impresor”, en donde destacó la gran calidad del trabajo de su antepasado, sin dejar de mencionar el saqueo y pérdida del próspero negocio familiar.

Un pasaje recordado cada año es el asesinato de 3 clérigos que daban clases en el Instituto Científico San José, ahora Colegio Margil, que es descrito en ‘Historias no contadas de la Toma de Zacatecas’.

16 reportaje-jardin-morelosMario Alberto Menchaca Trejo cuenta que los religiosos, acusados sin pruebas de esconder a federales y guardar armas, el 24 de junio “por la tarde, casi al oscurecer, fueron conducidos a las faldas del cerro de La Bufa entre golpes e insultos de sus captores. Cuando los revolucionarios bajaron a la ciudad, venían sin sus prisioneros”.

En el mismo libro, Manuel González Ramírez cuenta la heroica actitud de la maestra Beatriz González Ortega, que de forma neutral, junto con otros zacatecanos que arriesgaban su vida, atendía a heridos de los 2 bandos y estuvo a punto de ser fusilada por órdenes de Villa cuando se negó entregar a federales lesionados.

El padre Inocencio López Velarde, tío del poeta jerezano Ramón López Velarde, murió de certeros disparos; su cuerpo quedó tirado a un costado de un arroyo de aguas negras, mientras le quitaban las prendas y objetos que llevaba.

El periódico Imagen creó una sección con motivo del Centenario, en donde colaboradores como el cronista de Guadalupe, Víctor Manuel Ramos Colliere, han rescatado valiosos textos, entre ellos las cartas de Amelia Urrutia, que vivía en este municipio y enviaba cartas a sus parientes de la Ciudad de México, en una de las cuales dice:

“Todos los que se consideraban ricos o medianamente acomodados son ahora pobres, pues han intervenido todas sus haciendas, hasta los ranchos, hay personas que lo único que tenían era su casa y la dejaron sola o encargada con alguna familia y hasta eso les han quitado”.

17 reportaje-palacio-federal-muertosEl villista Federico Cervantes reconoció que hubo saqueos el mismo día que entraron a Zacatecas, los cuales Villa castigó con 60 fusilamientos.

Estos sucesos de pérdidas de bienes y éxodo de la ciudad, principalmente al Distrito Federal, parece que son plasmados por López Velarde en su poema “Las Desterradas” de su libro ‘Zozobra’, con los siguientes versos:

Ellas, las que soñaban
perdidas en los vastos aposentos,
duermen en hospedajes avarientos.

Propietarios de huertos y de huertas copiosas,
regatean las frutas y las rosas.


Ciudad despoblada
La ciudad se quedó tras la Revolución con la mitad de los habitantes que tenía; el censo de población de 1910 indicaba que había 25.900; el siguiente, de 1920, señalaba que se tenían 15.462.

La capital tardó más de 40 años para recuperar la población que poseía antes de la lucha armada. Fue en la década de los 50 que llegó al mismo número que tenía en 1910, de acuerdo con registros históricos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

27 reportaje-palacio-federal-6A partir de 1892, cuando tenía 41.271 habitantes, la ciudad comenzó a tener menos pobladores debido a una epidemia de tifoidea y al declive de la minería, por lo que la batalla de 1914 agudizó el despoblamiento.

La ciudad con rostro de cantera y corazón de plata, nombrada por el rey Felipe II muy noble y leal, aquélla que llegara a ser la segunda más importante en la Nueva España, fue la que hizo el mayor sacrificio en la Revolución con un precio que pagó por décadas.

Con la minería contraída, el comercio arruinado y muchos de los hombres que movían la economía fuera, además de una agricultura poco productiva, las fibras que mantenían las actividades de la ciudad quedaron deshechas.

20 reportaje-aguascalientesMarco Antonio Flores Zavala, en su libro ‘Antes de la batalla, referencias sobre el acontecer en la vetusta ciudad de Zacatecas y sus vecinos. Agosto 1910-junio 1914’, rescata con detalle el acontecer previo a la batalla en la capital, donde se escuchaban conciertos, además de que se iba al cine y a diversos espectáculos,actividades que se ensombrecieron tras la Toma.


La batalla permitió conservar edificios
En ‘Estampas de Zacatecas, 1920-1940’, Eugenio del Hoyo señala que la ciudad se mantuvo habitada gracias a la gente de comunidades que acudió a poblarla. Observa que en la capital parece que se detuvo el tiempo después de la Revolución, pues “mostró un rostro inmutable por más de un cuarto de siglo, tan inmutable que en él ni siquiera cerraban las heridas”.

El autor apunta que el cambio se logra advertir con la inauguración del nuevo edificio del Banco Mercantil de Zacatecas en 1939, pues hasta entonces no se habían construido más edificios en el primer cuadro de la ciudad.21 reportaje-acueducto

José Enciso Contreras señala que por esos años llegaron inmigrantes, algunos de ellos extranjeros, que compraron inmuebles en el centro a precios irrisorios.

Cuando la capital renacía a mediados del siglo XX para abrirse a la modernización, las antiguas edificaciones tuvieron como defensor a Federico Sescosse Lejeune, lo que al paso del tiempo permitió que recibiera el nombramiento de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En abril pasado, especialistas en cuidado del patrimonio histórico se reunieron para discutir sobre las consecuencias de la Toma, y coincidieron en apuntar que fue determinante para la preservación de los edificios, debido a la falta de recursos para hacer construcciones o remodelaciones.

La mayoría de zacatecanos puede identificar una calle o edificio si ve una fotografía de hace más de un siglo, y en caso de que no lo haga basta una referencia del lugar para reconocerlo. Esta simple respuesta conecta con el pasado, con un entorno que es la biografía de la ciudad y da identidad a sus habitantes.22 reportaje-plazuela-goytia

Un grupo de arqueólogos encabezados por Armando Nicolau Romero ha identificado más de 30 restos físicos de la batalla en los cerros, y hay otro proyecto para hacerlo en la arquitectura de la ciudad, con el fin de preservarlos.

Un nuevo conjunto escultural fue colocado este año para la conmemoración del centenario en La Bufa, además de que el museo de la Toma de Zacatecas fue remodelado y tiene la mejor tecnología museográfica en el estado, que ofrece una gran descripción de la batalla para que los visitantes puedan entender su relevancia.

24 reportaje-pozoPero el cerro de La Bufa, si bien es el más emblemático, no fue el único donde el grito estremecedor de los cañones y los silbidos de muerte de los fusiles resonaron. El rostro del Centro Histórico se manchó de sangre, mas apenas una cicatriz laceró su encantadora arquitectura.

“¡Ay hermoso Zacatecas, mira cómo te han dejado!”, dice el corrido de la Toma de Zacatecas, y a 100 años se puede saber cómo fue que quedó. Los edificios de la ciudad y sus cerros colindantes pueden permitir a sus habitantes sentirse orgullosos de su pasado, generoso y cruel, para identificarse con un paisaje lleno de historia.

FOTOS: CORTESÍA