En el estado de Zacatecas la actividad económica que realizan las personas menores de 15 años en la calle no es un fenómeno ascendente aunque sí muy visible.
La población de menores en la calle es variable, de acuerdo con Luz María Garcés Hernández, responsable del Programa de Prevención, Atención, Detección y Erradicación del Trabajo Infantil Urbano Marginal (Propadetium), del sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Guadalupe.
No todos los niños que se encuentran en los cruceros son de los municipios conurbados de Guadalupe y Zacatecas. Muchos provienen de Ojocaliente, Fresnillo y de comunidades, inclusive los de otros estados, como Michoacán, “trabajan por un tiempo y luego desaparecen”.
La precaria situación económica familiar, la violencia, la falta de afecto, el abandono o la orfandad son las causas que en ocasiones obligan a niños y adolescentes a trabajar o mendigar en las calles.
Los municipios donde se registra con mayor incidencia esta problemática son Guadalupe, Fresnillo, Jalpa y Zacatecas.
Garcés Hernández comenta que en 2008, Guadalupe formó parte del Estudio de las 100 Ciudades, que incluía un apartado para conocer la situación del trabajo infantil urbano marginal.
En esa ocasión se detectaron 508 niños y niñas en cruceros, centros comerciales, mercados, estacionamientos, plazas y jardines. Durante el 2012 se han detectado 14 nuevos casos.
Venta ambulante de chicles, churros y periódicos; empacadores (cerillos), limpiaparabrisas, franeleros, malabaristas, recolección de basura y mendicidad son las actividades a las que se dedican los niños y niñas en Guadalupe, o se alquilan en los tianguis como cargadores, diableros y ayudantes de los puestos.
Algunas labores infantiles entrañan mayor peligro que otras
Cuando se trata de conocer su condición de vida, los padres o los mismos menores no permiten el contacto.
“Hemos ido también a visitar el basurero, ahí no hemos tenido la oportunidad de entrevistar a los chicos porque en cuanto nos ven llegar corren. Se dio a conocer por los encargados que los mismos padres de familia los llevan a trabajar”, menciona la trabajadora social.
Cuando el personal del DIF intercepta a niños y niñas en la calle les realiza una serie de preguntas tendientes a conocer por qué trabajan, si van a la escuela, si tienen quien los pueda sostener y dónde viven.
Algunos responden que no tienen papá; otros, que en su familia son muy pobres y tienen la necesidad de trabajar.
“Inmediatamente después de que se tienen datos se acude a sus domicilios particulares pero en ocasiones no encontramos a los padres de familia porque ellos tienden a no decir la verdad”, explica Garcés Hernández.
Los niños que trabajan dentro de los centros comerciales como cerillos son una población controlada –añade-.
De alguna forma algunos toman su turno según su tiempo de escuela, por la tarde o por la mañana, además de que cuentan con permiso de los padres de familia y no corren mucho peligro. Esto no implica que esté permitido por la ley, subraya Luz María Garcés.
Una actividad muy lucrativa es la de los limpiaparabrisas. “A nosotras nos ha tocado participar en eso, vamos para ver que se siente, como están y todo. No sé, a la mejor porque fuimos mujeres juntamos en un instante buen dinero; es muy redituable”, comenta.
Advierte que la presencia de menores en los semáforos puede ser causa de algún accidente, “hay ofensas también de las personas hacia los trabajadores de los cruceros y no nada más ellos peligran, también los conductores pueden atropellar a alguien y ahí se implican los dos”.
Niños de brazos, utilizados por sus madres
En otra situación incurren las mujeres que botean con infantes en brazos, pues “ocupan para el bote de leche”.
Esta irregularidad pudiera ser motivo para remitirlas a las autoridades. Cuando el DIF las detecta les llama la atención y trata de sensibilizarlas para que dejen de aprovecharse de sus hijos,
“Inclusive se han soltado en llanto. ‘No, es que no, señora, mire, piense’, dicen. Desaparecen y luego las encuentra uno otra vez. Más bien ellas ya tienen su cultura de cómo se puede utilizar un niño”, reflexiona la trabajadora social.

Un caso aparte es el de los tragafuegos. Los niños zacatecanos aún no se dedican a esta actividad, sino que se trata de jóvenes que vienen de otros lugares, relata Garcés Hernández.
Incluso se les entrevista para preguntarles por qué lo hacen. “Porque nos gusta y porque andamos de ciudad en ciudad y conocemos gente y lugares”, responden según la responsable del Propadetium. A ellos sí les reditúa su trabajo, porque se hospedan en hostales.
En riesgo de caer en la delincuencia
Un factor que propicia la incorporación de más niños a la actividad económica es la violencia intrafamiliar, ya que provoca el abandono de la escuela o el hogar y los orilla a trabajar o a la mendicidad, así como a las actividades ilícitas.
“Estamos siguiéndolos e invitándolos a que dejen de trabajar ahí porque corren mucho peligro. Consideramos que son muy susceptibles a luego incluirse en otro tipo de actividades, por ejemplo adiciones o invitación a actos ilícitos como robar, venta de drogas o prostitución”.
Apoyos gubernamentales son insuficientes
Dentro de los apoyos que ofrece el DIF para los menores que trabajan en las calles se encuentra una beca escolar de 1.600 pesos anuales. Sin embargo, en Guadalupe se limita a un número de 50 becas: 30 estatales y 20 federales.
Otro incentivo del ofrece el DIF a las niñas, niños y adolescentes inscritos en su programa es costear a quienes obtengan mejor promedio escolar los gastos de un campamento anual que se realiza en alguna playa, aunque regularmente se cuenta solo con 8 o 10 lugares.
Existe un apoyo para los padres de menores trabajadores que quieran terminar su educación básica; además se les incluye en las platicas de “Escuela para Padres” y si hay posibilidades se les apoya para que encuentren empleo, lo cual en tiempos actuales no es fácil y a veces no se consigue.
El DIF ha ofrecido a los menores apoyo con una despensa pero solo van una o dos veces a recogerla.
“Ellos no se sienten bien con una despensa. Una despensa no les va a solucionar su situación de vida, lo malo es que el trabajo de menores en las calles es un problema que yo observo tan complejo como imposible de erradicar”, concluye Garcés Hernández.
FOTOS: IRMA MEJÍA Y ARCHIVO




