En el histórico templo dedicado a Nuestro Padre Jesús, ubicado en el barrio de Mexicapan, en Zacatecas, se llevó a cabo el tradicional lavatorio de la sagrada imagen, una ceremonia profundamente arraigada en la memoria religiosa de la ciudad.
La escultura, que data de 1783, es una de las más veneradas por los fieles. Su presencia ha acompañado la fe de generaciones y forma parte de una tradición que surgió en tiempos difíciles, cuando una epidemia de cólera azotó la región minera.
Ante la desesperación, los habitantes pidieron que la imagen fuera bajada de su altar para implorar protección y salud. Desde entonces, el gesto de limpiarla, vestirla y colocarla cerca de los fieles se convirtió en un acto anual de gratitud y esperanza.
Durante el ritual, los cofrades realizan con gran cuidado la limpieza de la imagen utilizando agua de flor de naranjo y algodón. Posteriormente se cambia su vestimenta y se prepara nuevamente para la veneración pública. Muchos creyentes se acercan con respeto para tocar o besar la imagen, buscando una bendición especial.
Entre las curiosidades de esta escultura destaca un detalle singular: las uñas de los pies están elaboradas con pequeños fragmentos de marfil, una característica artesanal que añade aún más misticismo a la figura sagrada.
Al concluir el lavatorio, el agua bendita utilizada en la limpieza se comparte entre los asistentes fuera del templo, permitiendo que los fieles lleven a sus hogares un signo de bendición.
Este acto también prepara uno de los momentos más esperados de la tradición local: el rezo de los 33 credos, que se realizará al día siguiente en este mismo templo.

Los creyentes rezan 33 veces el Credo, cada uno en representación de los 33 años de vida terrena de Jesucristo. Por cada grupo de 11 credos se pide una “merced” o favor especial, recordando simbólicamente las 3 caídas de Cristo en su camino al Calvario.
Esta devoción forma parte de las antiguas fiestas en honor a Nuestro Padre Jesús y suele celebrarse al inicio del tiempo de Cuaresma, el periodo litúrgico que prepara a los fieles para la Semana Santa, cuando nuevamente la imagen participa en las representaciones de la Pasión, el Viacrucis y la procesión tradicional de la ciudad.
Más que una ceremonia, el lavatorio y el rezo de los 33 credos representan una de las expresiones más vivas de la espiritualidad popular zacatecana: una tradición que mezcla historia, memoria colectiva y fe profunda, transmitida de generación en generación.


Con información de Irma Menchaca




