Lo que parecía una noche tranquila en el internado del Centro de Estudios Básicos para Alumnos de Alto Rendimiento Escolar (Cebaare), en el municipio de Guadalupe, cambió de rumbo a la madrugada siguiente con 84 alumnos intoxicados y un docente.
Eran las 4 de la madrugada cuando comenzaron los primeros reportes: algunos alumnos se quejaban de dolor abdominal. Poco a poco, el número creció y para las 8 de la mañana ya eran más de 40 los estudiantes con síntomas evidentes de malestar gastrointestinal.
El director del plantel, Martín Carrillo Guzmán, fue quien encendió la alerta. Llamó a las autoridades educativas, pidió apoyo al Ejército y se activó el protocolo de emergencia.
En total, 252 personas habían estado expuestas a la misma cena: molletes con frijoles, queso y crema; plátano y leche con chocolate. Aunque nada parecía fuera de lo común, algo en ese menú desató una cadena de reacciones.

Equipos de la Secretaría de Salud de Zacatecas, Protección Civil estatal y municipal, paramédicos del Ejército y personal de la Red Estatal de Emergencias Médicas llegaron rápidamente al lugar.
En el sitio, valoraron a los alumnos, la mayoría con síntomas como dolor de estómago, náuseas y diarrea. A 83 menores se les administró suero oral en el mismo plantel, mientras que 8 estudiantes —4 niñas y 4 niños entre los 11 y 14 años— tuvieron que ser trasladados al Hospital de la 11 Zona Militar, pues no toleraban la hidratación por vía oral.
Uno de ellos fue dado de alta a petición de sus padres. Los demás permanecieron bajo observación hasta mejorar.
A pesar de que los alimentos servidos ya se habían consumido por completo, la Dirección de Protección Contra Riesgos Sanitarios realizó un muestreo exhaustivo en la cocina del internado, así como en almacenes, superficies y garrafones de agua.

Además, se tomaron 58 muestras de pacientes para realizar estudios de coprocultivo y determinar con precisión qué bacteria o virus causó el brote.
Las autoridades de salud han reiterado la importancia de extremar precauciones durante la temporada de calor. El aumento de las temperaturas favorece la descomposición de los alimentos, y con ello, los riesgos de enfermedades gastrointestinales.
Lavar bien frutas y verduras, desinfectar superficies, hervir o clorar el agua, y revisar que los garrafones cuenten con sello de garantía son medidas básicas, pero esenciales.
Los estudiantes afectados ya están en recuperación y el internado ha retomado sus actividades.




