Decenas de actores locales revivieron los últimos momentos de Jesucristo en una representación que atrajo a fieles, turistas y curiosos.
La escenificación, organizada por la parroquia de Santo Domingo en conjunto con la Capilla del Santo Cristo y el grupo Morismas Siglo XXI, comenzó en el templo de Santo Domingo y culminó en la capilla conocida como “Cristo Grande”, ubicada en la calle Segunda de Guerreros.
El recorrido incluyó puntos emblemáticos del centro zacatecano como las avenidas Juárez, Hidalgo y la calle Juan de Tolosa.

Marco Antonio González Ibarra, quien ha dado vida al personaje de Jesucristo durante varios años, volvió a cargar una cruz de más de 50 kilos ante una multitud que no solo observa, sino que lo acompaña con devoción al recibir golpes que llegaban a no parecer de una simulación.
Más allá de la actuación, para Marco Antonio este rol ha sido un camino espiritual. Aunque en su juventud estuvo más enfocado en la música y el deporte, fue su imagen —cabello largo y complexión delgada— la que llamó la atención de los organizadores del viacrucis hace unos años.
Lo invitaron a participar y, tras superar dudas personales, aceptó y lleva más de una década en el papel. Uno de los retos mayores, además de los golpes, es caminar descalzo sobre la cantera caliente.

El viacrucis no solo es un espectáculo religioso, sino una manifestación cultural que involucra a familias enteras. La hermana de Marco también interpretó durante años el papel de María. Con el paso del tiempo, sobrinos y otros familiares se han integrado a la puesta en escena, convirtiendo esta tradición en un legado.
Entre los asistentes, es común ver a niños sorprendidos, jóvenes reflexivos y adultos conmovidos. Cada gesto de los actores, cada palabra del guion bíblico, parecen resonar en las calles empedradas con la misma fuerza de hace 38 años, cuando esta tradición se realizaba en barrios como El Rebote de Barbosa y El Tanquecito.
Hoy, este evento no solo se mantiene, sino que evoluciona con quienes lo interpretan, demostrando que la fe y la cultura siguen encontrando formas de reinventarse en el corazón de Zacatecas.



































Fotos: Leonardo Moreno




