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Una Constitución para los próximos 100 años

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El 5 de febrero de 1917 se promulgó, en la ciudad de Querétaro, la primera Constitución en el mundo que elevó a rango constitucional los derechos sociales, derechos que se redimieron en el campo de batalla y que fueron el anhelo de las clases mayoritarias y protagonistas del movimiento armado de 1910 en nuestro país.

Los principios de justicia social y de democracia, plasmados en el derecho a la educación, a la tenencia de la tierra, al disfrute y aprovechamiento de los recursos naturales para el progreso de la Nación, así como la seguridad social de la clase trabajadora, consagrados originariamente en los artículos 3, 27 y 130 (hoy123), fueron el rasgo característico de un documento inédito para su época.

No hay que perder de vista lo anterior, porque en plena conmemoración del Centenario de la Constitución de 1917, es evidente que quienes personifican a las instituciones y se dicen representantes populares, han emprendido una clara reversión de los derechos y del proyecto social que consagró la Carta Magna de Querétaro.

A su cumpleaños número 100, la Constitución llega con casi 700 reformas, y de éstas más de 140 se han hecho en el actual sexenio de Enrique Peña Nieto, muchos de estos cambios constitucionales han sido innecesarios, inexplicables, inentendibles e inaplicables por la sencilla razón de que no generaron los consensos sociales necesarios para su aplicación y porque su objetivo no era dar respuesta a las demandas sociales, peor aún han terminado por contravenir el espíritu original de nuestra Norma Suprema, prueba clara de ello son las mal llamadas reformas estructurales, como la educativa o la energética, que han hecho agua.

Como mexicanos, debemos entender que la mejor manera de conmemorar los 100 años de vigencia de nuestra Constitución, es mediante una reflexión sobre lo que han hecho nuestros gobernantes con ella pero también lo que nosotros hemos dejado de hacer. Al centenario de la Carta Magna de Querétaro, los mexicanos llegan con , además, evidencian una pobre cultura de la legalidad y algunos rasgos de escepticismo frente a la democracia, tal y como lo señaló hace unos días la “Tercera Encuesta Nacional de Cultura Constitucional” (El Universal 1/02/2017).

El país necesita respuestas y soluciones a los grandes problemas nacionales, y éstas deben venir de los ciudadanos libres y consientes, capaces de hacer valer sus derechos y de exigir sus obligaciones. En Morena nos inspiramos en lo mejor de nuestra historia y de nuestros héroes nacionales. La Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, son fuente inagotable de progreso y valor.  Los principios originales de justicia social y democracia de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, son y deben seguir siendo los que le impriman vigor a una de las Constituciones más avanzadas de su época, al tiempo que deben ser fuente de inspiración para millones de mexicanos para un futuro mejor.

Una Constitución para los próximos 100 años debe albergar decisiones fundamentales de democracia y justicia, derechos humanos, combate a la corrupción, cultura de la legalidad, rendición de cuentas, reconstrucción de un auténtico federalismo, participación ciudadana y compromiso de los poderes públicos, del sector privado y de la sociedad en su conjunto, para ser cumplida y hacerla respetar.

 

Senador de la República

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