Lunes 25 Septiembre 2017

Democracia de mercado o pacto social: la urgente decisión

Sin temor a equivocarme, me atrevo a asegurar que  el 90 por ciento de las personas estamos seguras de que los partidos políticos no tienen razón de ser en esta sociedad tan ansiosa de justicia, paz y libertad.

Los estatutos que en algún momento marcaron la diferencia entre el que hacer de los miembros de dichos institutos políticos, han pasado a segundo plano y, por lo tanto, la agenda legislativa y el programa de gobierno que debieran ser consecuencia de dichos estatutos, no forman parte del debate a la hora de hacer alianzas y, por supuesto, no son tema relevante para los electores a la hora de decidir el sentido de su voto.

La consecuencia última de este problema es que no existe una confrontación de ideas en el diálogo que pueda traer consigo un clima social propicio para la iniciativa individual y colectiva que requiere el mundo entero para generar un cambio benéfico, real y duradero en el estado de las cosas.

Estoy convencido de que necesitamos reinventar las formas que de manera inmediata alivien nuestra situación de incertidumbre y estoy convencido también de que, una vez recuperada la confianza en el futuro por una amplia mayoría, es posible dar con soluciones sociales a temas como la precariedad, la inseguridad pública, el desempleo asalariado, la falla de los sistemas escolarizados de educación, el deterioro del medio ambiente o el despojo de los recursos naturales, humanos y culturales por parte del capital depredador.

Es por eso que, junto con otras personas que se encuentran convencidas por sus propios motivos, buscamos propiciar una alianza entre partidos políticos que pudiera colocar a personas propositivas, con experiencia en la administración, con amplia tendencia al diálogo, con preparación y, sobre todo, con la capacidad crítica que requieren nuestros tiempos, en los puestos de elección popular que quedaron vacantes el mes pasado a causa de una sentencia judicial que, en pocas palabras, desconoce el triunfo de Soledad Luévano y su planilla en la capital del estado, y que hoy ocupan un Concejo Interino Municipal.

Para personas algo incrédulas de las instituciones, este acercamiento en un primero momento fue moralmente muy costoso. Pero, sin lugar a dudas, fue una sorpresa grata y estimulante el encontrarnos con personajes de esos que llaman “de la vieja escuela” de los partidos; personas que entienden y se preocupan por las amenazas permanentes que se ciernen estos tiempos sobre todas nuestras cabezas: amenazas de muerte, de miseria, de desaparición. Este tipo de personas, lamentablemente, han sido desplazadas por una nueva generación de “políticos” que, sin importar la edad, han hecho de la democracia su negocio.

La alianza de la que hablo y que se pretende generar es la siguiente: que todos los partidos políticos, incluidos el PRI y Morena, se unan electoralmente para que un proyecto ciudadano (que existe) bien consensado y confrontado con los proyectos de los partidos (si es que los hay), sea el que encabece el tan repetido y hasta ahora infructuoso esfuerzo de gobernar. Es decir, que todos los partidos, registren una misma planilla, integrada por personas reconocidas en sus rubros, que hayan demostrado ser honestas, sensibles y que se comprometan y tengan capacidad para aplicar un proyecto sensato, realista y revolucionario de fondo.

Lamentablemente, nos hemos topado con la constante de que la alteza de miras no es la adecuada y de que, en su generalidad, los partidos políticos negocian hacia adentro, en sus cúpulas, la competitividad de ciertos personajes; es decir, la intención de voto que, según sus extrañas mediciones, tendría tal o cual persona. Puede verse lo mezquino del asunto, ya que una alianza general evitaría todo tipo de cuotas y prebendas, dándole paso a un proyecto verdaderamente regenerador, socialmente hablando.

Los temas a discutir en las sobremesas partidistas son si tal diputada federal, con su asociación civil, “tiene más estructura” que el presidente del Comité de tal partido; de si tal ex candidata, vestida de azul, cuenta con más intención del voto que una mujer de un instituto político vestida de amarillo o de si un ex candidato cuenta con tal porcentaje y qué hay que ofrecerle. Lo único que dejan ver estas posturas es la corrupción y la mediocridad de algunos miembros de los partidos, que han aprendido a vivir de los recursos públicos y de las prebendas del poder.

La política mercado, en donde se intercambian, venden y compran mercancías-candidat@s sigue cobrando víctimas y dando de qué hablar.

Mientras tanto, se hace más evidente que es el momento de exigirle a los partidos que entiendan los fundamentos de la democracia, y que se pongan por debajo de los intereses de quienes pretenden defender y vivir en paz su territorio, y no de quienes quieren seguir siendo llamados jefes y percibiendo dietas y salarios jugosos.

*Estudiante de Derecho
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grito sept2017