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Lo más difícil de las cúpulas en los partidos en estos momentos es la negociación de las posiciones a diputaciones y en presidencias municipales, puesto que si no logran satisfacer los apetitos de poder y las ambiciones de sus militantes, se ahondará la división e iniciarían los desprendimientos que serían aprovechados por sus contrarios.

Uno de los problemas de la oposición en Zacatecas es la gran división que prevalece en sus filas, lo que en la semana pasada se puso de manifiesto en dos partidos que son clave en el proceso electoral de este año.

El 2015 está concluyendo y con él los últimos pasos de una administración que empieza a declinar en medio de marchas, protestas, enconos y poca esperanza en un futuro inmediato para Zacatecas.

En abril del 2012 el joven dirigente estatal de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en Zacatecas, Edgar Rivera Cornejo, abandonó las filas del priismo en el estado para sumarse a la campaña de David Monreal Ávila, entonces candidato petista al Senado de la República, al argumentar “una serie de humillaciones” por parte del gobernador Miguel Alonso Reyes en la dirigencia que ostentaba.

Comenzó con mucha agitación –más de lo políticamente normal- el 2016 en Zacatecas, por el cúmulo de acontecimientos que laceran no solo la imagen de la administración estatal, sino por la cuenta regresiva que provoca que los colaboradores y otrora aliados del gobernador Miguel Alonso Reyes volteen hacia otro lado en busca del continuismo en el aparato gubernamental.

Alguien debería asesorar al gobernador Miguel Alonso Reyes sobre la tirantez que se ha generado con la fracción opositora en la 61 legislatura del congreso zacatecano, porque en el saldo, los dividendos políticos, no favorecen al mandatario estatal.

El gobernador Miguel Alonso Reyes tiene un cierre de año muy complicado en lo político, económico y de seguridad, a causa de que los conflictos se han abierto en varios frentes y a la falta de oportunidad para afrontarlos con eficacia y apertura.

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