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En la década de los ochentas el magisterio zacatecano sufrió una ruptura importante en el oficialismo sindical, cuando una expresión progresista de sus filas se escindió ante la falta de procesos democráticos para elegir a sus dirigentes y sobre todo, por el fuerte control de la dirigencia que ejercía un grupo de maestros vinculados al gobierno en turno.

Alejandro Tello Cristerna es el gobernador electo de Zacatecas. Es un virtual gobernante con pocos años en la política electoral y en la militancia priista. Sus fortalezas están sembradas en su trayectoria familiar y social, pero no en el ejercicio político o de la administración pública.

Zacatecas vive una de sus transiciones atípicas de los últimos 30 años, en la que el gobernador en turno entregará la estafeta a un sucesor al que no solamente encumbró en la vida política estatal, sino en la cumbre del poder local.

La corrupción es para muchos un mal endémico en nuestro país, lo que suena muy familiar para todos los mexicanos, puesto que nos hemos acostumbrado a convivir y padecerla de manera cotidiana.

En los últimos años hemos escuchado hablar sobre el tema del Estado fallido en México, a causa de la incontenible violencia que se vive en diversas zonas estratégicas de nuestro país, sobre todo después del inicio de la llamada Guerra contra el Narco que encabezó Felipe Calderón.

Luego de la decisión de los electores (más del 50% del padrón electoral nacional) en 14 entidades del país, 12 de las cuales renovaron sus respectivas gubernatura, México entró en una nueva composición político electoral a todas luces engañosas en la tendencia pero certera en el desgaste –otra vez- del priismo en el país.

El Revolucionario Institucional perdió las elecciones para gobernador en Aguascalientes, Durango, Chihuahua, Veracruz, Quintana Roo, Puebla y Tamaulipas, a causa de los malos gobiernos del tricolor.

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