Barack Obama dio por acabada la guerra de Irak, siete años después de una invasión a la que se opuso, y sin haber logrado la ansiada estabilidad del país árabe. Alejándose del triunfalismo de su predecesor e impulsor del conflicto, George W. Bush, el presidente evitó cantar victoria. «Nuestro trabajo en Irak no ha terminado», sentenció.




